Artículo de opinión, Mundo editorial

Cómo evitar contratos editoriales abusivos (I)

Un contrato de edición no es ni más ni menos que un acuerdo de cesión de explotación económica de una obra literaria durante un determinado período de tiempo, y para un ámbito geográfico y lingüístico concreto. Existen distintas modalidades que se diferencian en menor o mayor grado, pero hoy en día la mayoría relacionados con el mundo literario se basan en los mismos puntos esenciales. Mi intención en el siguiente artículo es analizar las distintas cláusulas y dónde puede residir un supuesto abuso por parte de la editorial.

alt="contrato editorial, contrato publicación, javierpellicerescritor.com"·Formas de explotación: Hace referencia a los formatos y modos en que la editorial podrá vender el libro (rústica, cartoné, de bolsillo, audiolibros, edición electrónica…). En la actualidad, el punto más discutido es el de la explotación digital. Las principales discrepancias a este respecto se centran en la total cesión de los derechos digitales, en la imposición de elementos agresivos de control a la obra (DRM), en el precio de venta del ebook y en el porcentaje de royalties por venta destinados al creador del contenido. Conseguir modificar las condiciones propuestas por la editorial en este apartado es casi imposible hoy en día, en tanto es el punto más candente de la actualidad editorial. Por ello, algunos autores se niegan a ceder los derechos digitales de sus obras y renuncian a publicar con editoriales en estas condiciones. En su lugar, prefieren el camino de la auto-publicación digital en plataformas que no les imponen restricciones, donde además pueden controlar las condiciones de venta de su obra a placer y revisar los beneficios económicos por sí mismos. Es el caso de escritores como Fernando Trujillo, con una sólida carrera en la auto-publicación, quien comenta que las editoriales generalmente «exigen todos los derechos habidos y por haber relacionados con el libro. Aunque no piensen siquiera intentar explotarlos. En definitiva, pierdes tu libro y vendes tu alma, y quedas limitado a lo que ellos puedan o quieran conseguir». Esta decisión comporta renunciar a lo que puede ofrecer una editorial, especialmente la distribución física en tiendas.

·Anticipo: El también llamado «adelanto» suponía una ventaja importante para el autor hasta no hace mucho, pues le permitía asegurar unos beneficios antes siquiera de que el libro empezara a venderse. Este anticipo económico se resta posteriormente a los royalties acordados por la venta de cada ejemplar. Hoy en día, la inseguridad de las ventas convierten al adelanto en un riesgo inasumible que solo las editoriales potentes pueden permitirse. Aún así, nunca está de más que el autor luche por incluirlo en el contrato.

·Duración: Otro punto muy discutido. Las nuevas modalidades de publicación han puesto en duda los tiempos de explotación propuestos por las editoriales. El autor de «1936Z: La guerra civil zombi», Javier Cosnava, nos comenta que «mi experiencia en contratos comenzó en 2007, cuando firmé un primer contrato leonino que me dejaba sin los derechos de mi obra 10 años y sin la menor cobertura ni derechos. Bastante contento estaba con firmar algo, lo que fuese». Por tanto, duraciones superiores a los cinco o seis años se antojan inaceptables. En este aspecto se pronuncia Teo Palacios (autor de «La predicción del astrólogo»), quien comenta que seis años «pueden parecer muchos, pero es habitual que el primero de ellos se esfume durante el proceso de edición. Una vez publicado el libro, como norma, suele salir en edición de bolsillo al año y medio o dos años. En realidad, un contrato con esta duración le asegura al autor que su obra se va a explotar en todos los formatos posibles, cosa que sería prácticamente imposible con contratos inferiores a los cuatro años». Sea como sea, las bajas ventas actuales suponen una alta probabilidad de que una obra editada pase sin pena ni gloria por el mercado. Por tanto, tener congelada una novela durante tanto tiempo, sin posibilidad de buscar una nueva vía como la auto-publicación digital o la reedición en otra casa editorial, supone una profunda reflexión por parte del creador.

·Ámbito territorial y lingüístico de explotación: Una cláusula también muy importante de cara al futuro de la obra original. Nunca se sabe cuándo un libro puede ser exportable a otros mercados ajenos al nacional, o traducido a otros idiomas (nacionales o extranjeros). Aquí la inteligencia del autor (o la habilidad de su agente literario) es clave: si la editorial interesada no tiene establecida la venta en otros países, es aconsejable no ceder la publicación mundial, ya que sería cerrarse puertas a una futura edición en el extranjero con otra editorial.

·Cesión de derechos: Esta es la parte vital de un contrato, que versará sobre lo que la editorial podrá o no podrá hacer con nuestra obra. Pueden acordarse derechos de reproducción, distribución y venta. El autor debe estar muy al tanto de lo que se le ofrece, y sobre todo atender al apartado que especifica el carácter de esta cesión (habitualmente en exclusividad), y si tendrá validez para canales de venta que pudieran existir en el futuro. Este último punto resultaría totalmente abusivo debido a su carácter poco preciso. Del mismo modo, la cláusula debe contener el compromiso del editor a no transferir estos derechos a ninguna otra persona o entidad sin permiso previo del autor. Esto evitará que la editorial pueda mercadear con la obra sin control alguno. Otra sub-cláusula que debe aparecer es aquella que deje claro la imposibilidad de transformación de la obra (salvo para las obvias tareas de corrección).

alt="contrato editorial, javierpellicerescritor.com"·Remuneración por ventas: Este apartado, salvo que el autor sea un superventas, suele ser inamovible en las negociaciones con una editorial. El estándar versa alrededor del 10% del precio de venta al público en el caso de un autor no mediático. Como ya vimos en los artículos sobre el precio de los libros, es una cantidad justa cuando hablamos de publicación en papel, teniendo en cuenta los costes de producción y los exiguos beneficios del editor. En esa dirección se manifiesta el escritor Yeyo Balbás, novelista histórico autor de «Pan y circo», a quien «un 10% de royalties me parece justo si se tiene en cuenta que la distribuidora y el librero puede quedarse con en torno a la mitad del precio de cada ejemplar, que en torno a otro 10% se destina a gastos de impresión y que la editorial paga al corrector ortotipográfico, al maquetador y al portadista». Pero hay editoriales que se amparan en la inexperiencia del autor para ofrecerle cifras inferiores a las mencionadas, lo cuál debería ser rechazado de facto. En el caso de la explotación del formato digital, las editoriales han fijado mayoritariamente un beneficio para el autor en torno al 25%. En algunos casos, esta cifra no está bien especificada y la editorial puede llegar a alegar maliciosamente que este 25% se refiere a los ingresos netos, es decir, que el porcentaje se calcula sobre el precio de venta una vez descontadas las comisiones de las distribuidoras digitales (Amazon, Tagus, etc…). Ojo con este detalle.

En la próxima entrada seguiremos analizando las cláusulas del contrato de publicación, y realizaré una reflexión final con la opinión de algunos autores profesionales.

Fuentes:

https://www.boe.es/diario_boe/txt.php?id=BOE-A-1996-8930

http://w2.bcn.cat/bcnmetropolis/arxiu/es/page6fa2.html?id=21&ui=584

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Lee la segunda parte AQUÍ.

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24 thoughts on “Cómo evitar contratos editoriales abusivos (I)

  1. felixmaocho dice:

    El problema que veo para el autoe que no sea un crack es que existe una clara asimetría de fuerzas entre autors y editores. El autor tiene pocas editoriales donde elegir, con suerte encuentra una que le quiera editar su libro, mientras que el editor tiene muchos autores que desean editar,

    En tal situación, la posición de fuerza del autor para modificar cláusulas del contrato presentado por la editorial es prácticamente nula, o firmas lo que presenta el editor o no editas.

    En estas circunstancias solo la opción de la autoedición, pero el problema es que el editor cubre mucho arco del proceso de llevar el libro al lector, Habitualmente el autor escribe el texto y el autor es el encargado de transformarlo en libro, distribuirlo y promocionarlo,

    Pensar que el autor va a poder cubrir todo el arco de la venta es utópico. Basta con ver lo que pasa en Lulu y Bubok, raro es quien vende 40 ejemplares. Si descontamos los tomos regalados y comprados por compromiso entre familiares y amigos, la venta real no llega a 10 ejemplares en el 90% de los casos.

    ¿Cuál es pues la alternativa a la firma del contrato que te quiera presentar el editor?

  2. Efectivamente, el editor está en una posición de fuerza que lo pone por encima del autor en la negociación. Es algo que comentaré en la segunda parte del artículo.
    Es complicado, por supuesto. Estamos hablando de un mundo profesional muy cerrado y conservador. Pero hay editoriales, generalmente más pequeñas, con las que sí se puede hablar y negociar. Y en todo caso, hay cláusulas que jamás de los jamases deben ser aceptadas, aunque el autor se quede sin publicar.

  3. felixmaocho dice:

    No deberían los autores pequeños asociarse y montar una cooperativa de edición.

    ¿No se si económicamente es posible claro?. Pero pienso que entre todos ellos hay gente suficientemente preparada para hacer todas las labores del editor, desde seleccionar los originales (lo mas conflictivo) a otras labore previas como correctores, traductores, ilustradores etc, y existen imprentas POV (imprimir bajo demanda que sacan un libro, (encuadernado con tapas y el lomo encolado en 5 minutos, entre por ejemplo 100 autores si se podria comprar, Bastaba luego hacer un acuerdo con una distribuidora y tener una red de ventas que promocionara los libros de la cooperativa,

    El futuro no esta en tener máquinas que automáticamente hagan miles de cosas iguales (la típica imprenta) sino que son capaces de hacer automáticamente miles de cosas diferentes, os dejo un video impresionante sobre ello http://www.youtube.com/watch?v=ZDe_Jy4HnMY

    No tengo ni idea del precio de esta máquina, ni de su rendimiento pero suponiendo que cada hora solo sea capaz de obtener 6 libros, como es automática puede trabajar al mes (descontando tiempo de mantenimiento unas 480 horas o lo que es lo mismo hacer unas 2500 libros diferentes al mes. Suficientes (supongo) para cubrir la venta de 100 autores que escriban una novela cada dos años.

    • El problema más gordo es el de las distribuidoras, que son muy herméticas y no aceptan distribuir tiradas bajo demanda. Además, la logística y organización de lo que propones es muy complicada, y ya se sabe que las sociedades y cooperativas con muchos socios acaban por degenerar (lo sé pro experiencia propia).

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  6. nacho dice:

    Solo puedo estar en desacuerdo con Javier y Félix a la hora de ver quien tiene la satén por el mango cuando toca negociar
    La última palabra siempre está en manos del autor, eso es inevitable, salvo que firme el contrato obligado.

    Sin la aprobación del autor a las condiciones de la editorial, ésta jamás tendrá ese título en el que se interesó publicado, mientras al autor me quedan montones de editoriales a la que llamar, por no hablar de auto publicación u otros formatos que no voy a mentar.

    Creo que los autores deben salir de esa fase victimista, por varios motivos :
    1° no puedes ir a una negociación perdí que no es de tú a tú, o en todo caso que llevas la satén por el mango tú. Lo demás es ir con la negociación pérdida. No tengas miedo a decir, “lo siento con esas condiciones NO”.
    Si no lo dices, es tu responsabilidad, y son los autores los que perpetúan esto, pasando por el aro.
    2° ¿tú valoras tu obra? Si la respuesta es no, dedicate a la cosa, si es sí, venderla a su precio justo, osea, el que es justo para ti.

    Los autores dicen “me pagaron una miseria” yo digo “que barato te vendiste”

    Las listas de bestsellers (que parece lo único que importa a algunos autores) están llenas de gente que no paso por el aro.

    En fin, espero que esto aporte algo al debate.
    Gracias por la entrada no deja de ser interesante.

    • Bueno, Nacho, también es cierto que el autor tiene que asumir que la editorial es la que carga con la inversión y por tanto el riesgo. En ese sentido, el autor debe ser realista y no presentarse con ínfulas de grandeza. Cuando uno empieza, en cualquier oficio, debe hacerlo desde abajo e ir subiendo en base a sus esfuerzos, demostrando que vale lo que luego exigirá como mejora.
      Por supuesto, hay un límite, y porque un escritor sea novel o desconocido no tiene que aceptar según qué cosas.

      Gracias a ti por participar en el debate. Toda opinión aporta mucho.

  7. felixmaocho dice:

    En el contrato vienen dos firmas, la última palabra la dira la segunda firma, sea de quien sea, pero en mi opinión quien tiene más fuerza es el que impone las condiciones y en mi opinión de siempre, salvo en el caso de tres escritores estrellas, quien se ha impuesto es el editor.
    Pongo un caso,tengo una guia sobre Pueblos abandonados, que es muy útil para planificar excursiones.
    http://felixmaocho.wordpress.com/2012/03/25/viajar-como-organizar-una-agradable-excursion/
    A todos mis amigos senderistas que he hablado de ella, se interesan y desean comprarla, He pedido a un librero amigo que me la consiga y es imposible la edición esta´agotada, (posiblemente hayan picado los libros en sock), y que SUSAETA que es la editorial, no la piensan reeditar. Loa autores ni pueden entrgársela a otro editor ni pueden hacer nada, les han secuestrado su obra hasta que se acabe el contrato. ¿Es razonable?

    • En esos casos se intenta rescindir el contrato, y sé de muchos casos en que se consigue. Aunque claro, la editorial puede negarse y en ocasiones lo hace. No es exactamente razonable, pero por desgracia es lo que hay. Por eso recomiendo en el artículo que no se acepten una duración del contrato que supere los 6 años.

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  11. En fin, me da que como casi todo. El autor entre unas cosas y otras apenas recibe beneficio. Ese si lo hay se queda en el camino, aunque intuyo que tampoco sera demasiado

    En realidad mucha gente queriendo publicar y pocos que realmente puedan llegar al gran publico. Y eso, es lo que hace fuerte al editor frente al autor. La solución muchos dirán que es internet y la autopublicacion. Pero exceptuando a unos pocos que realmente sean capaces de llegar a gente que pague por ello. Esta destinado al fracaso.

  12. Yo misma dice:

    Acabo de declinar una oferta de una gran editorial, y la verdad es que este artículo me hace sentirme menos mal por ello.

    Cumplía (con muchas creces) todos y cada uno de los puntos abusivos.
    – Contrato de una duración de 15 AÑOS.
    – Derechos UNIVERSALES (ya no mundiales…).
    – Libre cesión a terceros.
    – 9% de royalties.
    – Nada de anticipos.

    Y lo que más me sorprendió fue saber que ellos apenas se encargan de la promoción, que se centran sólo en la distribución.

    Ays… me da un poco de bajón, pero paso de regalar mi trabajo. Llevo dos libros autopublicados y estoy muy contenta. Espero seguir así…

    Graciñas por mostrarnos los abusos de los gigantes editoriales.

    • Algunos de los puntos que mencionas no se pueden considerar abusivos, exactamente. Lo de los derechos universales (es lo mismo que mundiales) o lo de la libre cesión a terceros es habitual y estándar. Ten en cuenta que eso de “cesión a terceros” comprende la cesión a editoriales extranjeras para publicar una obra en otros países, por ejemplo.
      El problema es lo de la duración, claramente abusiva, los bajos royalties (en un novel el mínimo debería ser un 10%) y la inexistencia de anticipo. Pero incluso por encima de eso, para mí, personalmente, lo peor es la carencia de promoción. Porque todos esos tantos por cientos y duraciones se vuelven secundarios si la obra se convierte en superventas (un 9% de beneficios de 1 millón de ejemplares vendidos es muuucho dinero). Pero para eso hay que invertir en promoción. Yo estaría dispuesto a renunciar a parte de los beneficios si la editorial en cuestión me asegurara una inversión potente en promoción. Ahí radica en mi opinión el problema más grave.
      Muchas gracias a ti por visitar mi web. Abrazos!!

      • Yo misma dice:

        Sí, sí… Comento lo de universales porque me hizo gracia leer que tenían los derechos en todo el universo.

        Lo de la promoción fue lo que comenté ayer en mi email de “gracias, pero no”. Si no van a hacer promoción y ni se atreven a darme un anticipo de los primeros 1000 ejemplares (que fue lo que yo pedí), para eso me quedo como estoy. Con mis ventas modestas, pero cobrando un 60% de royalties que obtengo por la autopublicación. Trabajo duro, pero es para mí.

        Si les cedo mis derechos tendría que vender 7 veces más para obtener los mismos beneficios y buscar yo la forma de conseguirlos. ¿Así que, en qué me beneficia a mí trabajar con una editorial? ¿Un supuesto glamour porque mi libro lleve su nombre impreso en la portada?

        En fin… Gracias de nuevo por tus palabras.

        Un abrazo

  13. Rogelio Aronna Otero dice:

    Rogelio Aronna Otero:
    Mi pregunta es, una vez hecho el contrato con una editorial, ¿como controlar la cantidad de libros vendidos?

    • Supuestamente, la editorial está obligada a enviarte un informe de ventas anualmente, mientras dure vuestra vinculación. Esto debe quedar reflejado en el contrato que has firmado.
      En la práctica, el control de las ventas por parte del autor es muy limitado porque nada te asegura que ese informe de ventas no está manipulado. Es una vieja lucha que tenemos los escritores: implementar un modo de seguimiento para que los autores puedan acceder a los datos de ventas de sus obras.
      Un saludo.

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