Lerna. El legado del minotauro

La realidad histórica tras “Lerna. El legado del minotauro” – 12 (final)

Conclusión: El legado del minotauro

Habitualmente una novela, sea del género que sea, suele ser una obra de ingeniería. Existen multitud de elementos a tener en cuenta más allá del simple aspecto argumental: creación y desarrollo de personajes, escenarios, subtramas, la coherencia argumental, la narrativa y su estilo… Cuando además hablamos de una novela histórica la cosa se complica todavía más, pues debemos tener en cuenta los hechos históricos, que en cierto modo limitan la libertad creativa del autor (no todo es válido). Aunque cualquier género literario exige un proceso de documentación, pocos son tan intensos como los de una obra basada en nuestro pasado. La presión por ser fiel a ese ayer es enorme, hasta el punto de que puede saturar al autor poco experimentado.

Una obra distinta

Evidentemente nada de esto era nuevo para mí. Después de dos novelas históricas (y una fantástica pero ambientada en un mundo ya creado previamente por otros autores) estos mecanismos se abordan con menos tensión e incluso con ilusión. El reto, el verdadero reto, era otro: enlazar la mitología irlandesa con el tiempo y los escenarios históricos que sí existieron y están documentados, y hacerlo de modo que obtuviera un conjunto homogéneo. En ese sentido, «Lerna. El legado del minotauro» ha resultado ser mi obra más difícil de desarrollar. En «El espíritu del lince» y «Leones de Aníbal» tenía una línea que seguir, un guión que la misma Historia me ofrecía generosamente. Un guión claro, conciso, sin apenas fisuras y con abundante información (a pesar de las inevitables lagunas que siempre existen). Esta vez era distinto. «El Libro de las Invasiones» y la leyenda de Tuan son relatos muy esquematizados, en los cuales jamás se profundiza en cuestiones tan importantes en la novela como la evolución de los personajes o la descripción de los entornos. Carencia que se atenúa en todo lo referente a la civilización minoica, donde la arqueología sí nos ofrece imágenes claras de los parajes, aunque nos deje igualmente a oscuras en cuanto al resto de aspectos. La mitología griega, aunque más detallista que la irlandesa, es especialista en desvirtuar las leyendas que adopta como suyas. Si a esto le sumamos mi intención de otorgarle un contexto histórico real, el problema adquiere un tamaño colosal.

Ha sido inevitable tomar diversas licencias, que obviamente no puedo detallar aquí para no hacer spoilers a quienes todavía no hayan leído la novela. En cualquier caso he tratado de respetar tanto la esencia de la leyenda como la historicidad de los elementos reales. Equilibrar la fidelidad al mito original, el contexto histórico y la ficción, en beneficio de un argumento que resultara accesible, reconocible y, por encima de todo, atractivo, me ha llevado no solo meses, sino años. No han sido pocas las jornadas de desvelo, los momentos de frustración en que creí que todos se desmoronaba porque algo no cuadraba. La cantidad de apuntes (a menudo tachados y descartados) dio para llenar muchas libretas. Al final creo que fui capaz de resolver cada uno de los baches, aunque eso es algo que debe valorar el lector.

A lo largo de esta serie de artículos he tratado de trasladaros cómo fue este proceso de creación, desde el surgimiento de la idea inicial hasta el resultado final. Por desgracia, resulta imposible, incluso para un escritor, desgranar dicho proceso con absoluta fidelidad. Hay tanto detrás de una novela… Aunque ahora estáis más cerca de conocer cómo funciona la mente de un escritor cuando aborda una obra.

Más que una novela histórica

Pero antes de terminar debo insistir en una advertencia que considero vital para que nadie se sienta engañado: aunque esté vestida con el disfraz de la novela histórica, «Lerna. El legado del minotauro» no puede ser abordada exactamente como tal. Es preciso mantener la mente abierta a su vertiente mitológica, que es al fin y al cabo su base argumental. Es por ello que el lector tendrá que aceptar ese juego, convertirse en cómplice, y asumir los diversos elementos de corte más sobrenatural (que no fantástico).
Espero que el resultado os satisfaga a todos. El objetivo principal: transmitir la pasión que la mitología irlandesa causó en mí. ¿Lo he conseguido? Vosotros tenéis la respuesta.

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