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Las 10 consignas de la piratería (IV – final)

Durante varias semanas hemos analizado la batería de justificaciones que los defensores de la descarga de contenido pirateado alegan para apoyar estas malas prácticas. Hoy, en el último artículo de la serie, toca hacer balance y sacar conclusiones. Pero antes, veamos otras dos consignas.

Es que el autor debería sentirse orgulloso de que su obra sea considerada para estar en una web de descargas

alt="escritor, piratería, javierpellicerescritor.com"Se apropian de nuestro trabajo, hacen negocio con él y encima tenemos que agradecérselo porque es un reconocimiento, según algunos. Una premisa, la del reconocimiento, por otra parte equivocada, como tantas otras. Que el pirata que cuelga la obra en una web de descargas lo hace por admiración es rotundamente falso, como ya expliqué en el artículo “¿Qué se esconde tras la piratería?”. No, salvo que seamos uno de esos superventas que todo el mundo quiere tener entre sus manos, nuestras obras no están en descarga ilegal porque alguien se haya leído el libro y piense que es maravilloso. Están ahí porque esas páginas necesitan nutrirse de material nuevo cada día, para mantener sus visitas (y por tanto sus beneficios por publicidad), por lo que adquieren nuevas obras en el mercado negro, gracias a los hackers que roban información de cuentas de Amazon o similares. La mayoría de veces ni siquiera saben de qué va el libro que cuelgan. Como mucho, realizan una ligera conversión marcando con el logo de la web el archivo, como si lo hubieran editado ellos y de este modo pudieran legitimar lo que hacen. Quizás exista una comunidad de lectores de ebooks que, en efecto, comparta los libros que lean de manera sincera, pero se limita a pequeños foros endogámicos que aglutinan a pocos lectores. Las grandes webs de descargas con publicidad, de las que se nutren las demás, no podrían actualizar contenido nuevo con la suficiente rapidez que sus usuarios les exigen si tuvieran que leerse todos los libros que ofrecen. Es materialmente imposible.

Es que ya pago mi conexión a Internet

alt="antena, wifi, Internet, javierpellicerescritor.com"Para terminar, qué mejor que la excusa más ridícula que he escuchado hasta el momento. Sirve para cualquier contenido, ya sean libros, películas, series o música. Parece una justificación estúpida e increíble, pero está en boca de muchos consumidores de contenido pirateado. Es la constatación de que el usuario de Internet básico relaciona directamente este medio con la descarga de productos de ocio. O dicho de otro modo: un sector muy importante de usuarios tiene conexión a la Red, principalmente (aunque por supuesto no únicamente), para poder conseguir todo ese contenido pagando solo una tarifa plana de acceso. Esto, que se ha convertido en una costumbre, explicaría en parte la “guerra de velocidades” que ofertan los proveedores de Internet: hasta 200 MB, velocidades de descarga tan espectaculares como inútiles para un uso medio de la Red, y que solo tienen sentido a la hora de acelerar descargas de contenidos de gran peso (aunque hay que reconocer que con los nuevos servicios de streamming, como Netflix, estas velocidades empiezan a tener razón de ser).
Este sector de usuarios tiene el convencimiento de que el abono de esa cuota legitima todas sus actuaciones de índole comercial, y olvidan que esas tarifas solo cubren los servicios de la operadora o proveedor que le ofrece el acceso a la Red (las más abusivas de toda Europa, pero ese es otro tema) y desde luego no te da derecho a hacer lo que quieras. Pagas a esa compañía por acceder a Internet, no por lo que hagas una vez estás dentro. Desprecian las inmensas posibilidades de Internet y olvidan que es mucho más: un medio de comunicación, de interacción con otros individuos, un mar de información… y una vasta superficie comercial donde poder adquirir de modo legal todo lo que deseemos.

Conclusiones

alt="defensa, piratería, javierpellicerescritor.com"Podría haber expuesto otras consignas que aparecen en los debates sobre el tema, como “lo hace todo el mundo”, “hay que adaptarse a los nuevos tiempos” o “no estoy haciendo daño a nadie”. Pero las expuestas son las principales, las que forman parte del decálogo de todo defensor o consumidor de contenido pirateado. En mi opinión, todas parten de un punto de vista profundamente egoísta: si algo no tiene consecuencias negativas para mí, es aceptable. Aquí está el problema fundamental. Existen ciertos individuos con la habilidad para vislumbrar posibilidades de negocio en sectores vírgenes. Muchos son gente magnífica que aportan mejoras muy positivas; otros, no tienen ética ni moral. No les importa a quién hacen daño, ni si sus prácticas se aprovechan del trabajo de los demás. Para ellos solo existe su propio beneficio. Cuando Internet se popularizó, varios de estos personajes descubrieron la manera de hacer negocio ofreciendo gratis lo que no era suyo, a base de ingresos de publicidad por tráfico de visitas. Era la evolución de las redes P2P como el clásico eMule hacia webs de descarga directa o por archivos torrent. Porque es muy fácil crear “servicios” innovadores con el trabajo de los demás. Y claro, el consumidor sintió la tentación de conseguir lo que quería sin tener que pagar por ello. ¿Se les puede culpar por ello? La carne es débil, sobre todo entre consumidores que no saben el trabajo que hay detrás de las obras que descargan, de los sinsabores de los creadores y del riesgo económico que asumen los productores (editoriales, discográficas, empresas de software…). Una industria que, lo reconozco, no está sabiéndose adaptar a la situación, que sigue enrocada en posturas y sistemas anticuados. Pero que alguien sea un inútil no justifica que los demás se aprovechen de él, ¿verdad?
Sin embargo, quiero creer que en el fondo, muy en el fondo, la mayoría sigue sabiendo que descargar contenido pirateado no está bien. Oyen el clamor de los creadores (que somos pocos, desorganizados y además igual de vulnerables a los cantos de sirena de la piratería) y se sienten en la obligación de buscar justificaciones a su ya asumido hábito. Aunque solo sea por orgullo personal. A la sombra de gurús de un mal entendido “no se le puede poner pegas al progreso”, han creado todo un decálogo de consignas que se adaptan convenientemente a sus intereses, y que calman sus conciencias. Pero hay una verdad que ninguna de estas consignas puede tapar, una premisa básica y universal que no tiene que ver en realidad ni con cifras de ventas ni dinero, si no con derechos:

Sobre mi trabajo, solo yo decido.

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9 thoughts on “Las 10 consignas de la piratería (IV – final)

  1. Hola, Javier.

    Efectivamente, es absolutamente falso que quienes piratean tu obra lo hagan porque tu libro les ha encantado. Yo soy escritora independiente y poco después de poner mi libro en Amazon (cuando todavía no se lo había leído ni mi madre), descubrí que alguien lo había pirateado y colocado en una web ilegal de descargas. Por tanto, no me sentí en absoluto orgullosa, sino indignada. Es evidente que la gente que piratea no quiere realizar una labor social de divulgación de la cultura. Lo que quieren es dinero. Beneficiarse del trabajo de otros.

    Me han gustado mucho estos artículos que has escrito sobre las consignas de la piratería. Desde luego, hay muchas formas de leer un libro sin necesidad de descargarlo de una web pirata. Y sobre todo, los autores indie hacemos lo indecible para que la gente lea nuestros libros incluso gratis (yo he donado ejemplares a bibliotecas públicas, lo he puesto gratis en Amazon en determinados días, ahora estoy haciendo un sorteo…). No hay excusa para piratear.

    Saludos y enhorabuena por tu blog.

    Mayte

    • Muchas gracias, Mayte.
      Cuando alguien tiende a defender una postura, suele buscar razonamientos para ello. El problema viene cuando adoptas los razonamientos que han hecho otros, sin pasarlos por el tamiz de tu propia reflexión. Es lo que ocurre con la mayoría de defensores de la piratería, que han tomado como ideario lo que otros han postulado como reglas inamovibles, o como consignas, en este caso. La intención es excusar sus actos, y ocultar la única y verdadera regla: solo el autor, y quien este permita, tiene poder de decisión sobre su trabajo.
      Un abrazo enorme.

  2. anakatzen dice:

    Hola, Javier:

    Yo añadiría la siguiente consignia, que es la que más he oído: «Piratear es como ir a la biblioteca, que es gratis». El argumento se cae porque, técnicamente, las bibliotecas NO son gratis. En la mayoría de los países se financian con los impuestos que paga el ciudadano. Las bibliotecas no solo pagan por los libros que adquieren,sino que también pagan regalías cada vez que alguien pide prestado un libro (al menos así es en Estados Unidos).

    El equivalente de una biblioteca física sería una biblioteca virtual, no una página pirata.

    Saludos.

    • rosa dice:

      Ésta es la verdadera realidad cf. https://sites.google.com/site/contraelpirateo/project-updates/onelastrally Entidades como CADRA (Argentina) o CEDRO (su homónima española) conocen perfectamente la onerosa gravedad de la situación, pero en la propia Legislación de la UE no se considera comunicación pública el enlace a una reproducción pirata siempre y cuando, ex aequo, no se cumplan dos condiciones
      1. Que esa actividad de enlazar se efectue sin ánimo de lucro.
      2. Que quien ponga el enlace no sepa y no pueda saber razonablemente que se trata de una copia pirata.
      Basta una simple comprobación en la base de datos lumendatabase.org y de forma fehaciente se advierte que los administradores de estos sitios, léase el grupo argentino hansi-libroz en ebiblioteca.org o sitios afines actúa de mala fe.

    • rosa dice:

      ebibliotecas.com Ésta sería en teoría una “nueva” Biblioteca; sin embargo es escandalosa la similitud, no la disimilitud con ebiblioteca.org cuyo dominio OVH ha recibido sendas denuncias por actividad lucrativa subrepticia, aparte de la consabida vulneración de los derechos de autor. Por definición y etimología, salvo desconocida involución del término, lo ilegal suele ser inmoral, así que todos estos sitios usan la cultura como pretexto; es más, el material proporcionado es ajeno y ofrecido por los usuarios, que, ante el libro gratis, confían en la supuesta bonhomía de estos sitios.
      En concreto este grupo, hansi-libroz ha sido expulsado de varios dominios. Nótese la artimaña, bastante pueril a nuestro entender, de la expresión Enlace de Bibliotecas Digitales.
      Por desgracia, si se clonan este tipo de sitios y se trasladan los “anaqueles bibliográficos” a otros, la clausura de webs no parece una solución muy fiable, dada la lasitud moral de estos administradores.
      No cabe un criterio y una selección de la información en aras de un conocimiento integral y humanizante. Se piratea igual el “Ars Amandi” de Ovidio que cualquier serie de burda novela erótica actual.

  3. Hola Javier,

    Estoy de acuerdo con lo que dices. Yo también soy autor y cuando publiqué mi último libro, en menos de 24 horas ya estaba en páginas como fiuxy, exvagos y demás. La cuestión, por lo que hablé con otros autores y no autores pero sí usuarios de foros de piratería es:

    -El público español está acostumbrado a no pagar. No hoy. Nos hemos educado así. Internet lleva con nosotros más de 15 años y aún recuerdo usar eMule en su día. La ley nunca ha actuado como debe. Por tanto, hoy, pagar por algo digital, resulta difícil (aunque es posible).

    -Hay gente interesada en que haya material pirata. Los usuarios que publican en páginas de descarga ilegal se llevan comisión por clics.

    Tiro una lanza a favor de la piratería entre tanto pesimismo. Hay libros que EN LA VIDA se leerían si hubiera que comprarlos (entre ellos, los míos). Por tanto, así, abrimos una vía para que el lector nos dé una oportunidad entre tanto ruido. Nuevos tiempos, nuevas formas, y es hora de que el autor haga algo por mantener la relación con ese lector. Sólo entonces, sabiendo las consecuencias de una descarga ilegal, la persona (probablemente) comprará si lo considera oportuno.

    Lamentablemente, el proceso de compra se ha vuelto más complicado que antes.

    • No desprecies tu trabajo y tus obras, Pablo. Porque si lo haces tú, diciendo que nadie pagaría por tus libros, estás dando la imagen de que no consideras que tu trabajo merezca el precio que tiene. Y eso debe decidirlo el lector… después de pagarlo y leerlo. Si le gusta, se sentirá satisfecho de haber pagado y volverá a pagar por tu trabajo en el futuro. Si no le gusta, nunca volverá a comprarte otro libro. Y así es como se regula el mercado, no bajándonos los pantalones y dando por bueno el que otros se agencien de nuestro trabajo y decidan qué hacer con él, y menos si encima lo utilizan para sacar beneficio propio. Ese es el fondo de la cuestión, el auténtico fondo de la cuestión, y no si la piratería es un mal menor y hay que conformarse.

      Un abrazo y gracias por tu visita. ¡Estás en tu casa!

  4. Fremen1430 dice:

    Hombre wue el proceso de compra se ha vuelto más complicado… En lo que se refiere a comprar propiamente dicho creo que es lo más sencillo del mundo. Amazon te da la posibilidad de bajarte un fragmento, lo lees y si te atrapa pagas en un click y a leer en menos de 30s.

    Entiendo que se refiere al tema de que ahora mismo es muy dificil hacerse notar entre tanta oferta de libros. Dar publicidad a un libro, que la comunidad lo lea y lo recomiende debe de ser una tarea complicada. Creo q todo se basa en llegar a esa comunidad blogera del nicho del libro en cuestión, hacer que se lo lean y esperar buenas críticas para que se expanda a sus seguidores… Twitter, facebook y demás redes sociales debieran hacer el resto. Pero es complicado.

    Amazon, lektu, la casa del libro etc, no son webs preparadas como escaparate de nada. Son directorios de libros a los que accedes buscando un título concreto.

  5. Pingback: Piratería, autores y diez consejos gratuitos e innecesarios para escribir — Pablo Poveda

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