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Las 10 consignas de la piratería (III)

En las anteriores entregas de esta serie de artículos he mostrado alguna de las premisas estandarizadas que esgrimen los defensores de las descargas de contenido protegido por derechos de autor y explotación. Hasta el momento me había centrado especialmente en consignas conceptuales como la naturaleza cultural de las obras, el aprovechamiento de la condición de medio masivo de Internet, o el valor económico de las obras. Pero existe otra vía que explorar, la de las repercusiones de esta mala costumbre. ¿Afecta realmente la descarga ilegal a las ventas, en modo alguno? ¿Incentiva el consumo legal como tanto se dice?

Es que una descarga no es una venta perdida

alt="piratería, descarga ilegal, justificaciones, javierpellicerescritor.com"¿Y eso cómo se demuestra? ¿O simplemente es porque lo dice Neil Gaiman? Quienes apoyan las páginas que vulneran derechos de autor aseguran que el supuesto impacto negativo de las descargas ilegales en el mercado editorial, que enarbola la industria, no se puede valorar, ya que dichas webs piratas no ofrecen datos de sus descargas. Estoy de acuerdo, pero eso vale en ambos sentidos: tampoco se puede asegurar que no haya impacto negativo. Sin información válida no podemos plantear ninguna premisa, ni a favor ni en contra. Sí, que alguien descargue una copia pirata no significa necesariamente que estemos ante una venta perdida, y por tanto no se puede sancionar o reclamar indemnizaciones en base a eso. Es posible que el usuario que descarga nunca hubiera comprado ese libro. Pero utilizar esta excusa como justificación de las descargas ilegales es no comprender (ni querer hacerlo) el trasfondo del problema: no se trata de ventas ni de dinero (al menos para los autores), se trata de derechos. Nadie tiene la potestad de apropiarse por la cara de algo que sus productores han tasado en un precio. Es una cuestión ética y moral. Y en relación a este aspecto viene la siguiente consigna:

Es que yo luego si me gusta lo compro

alt="descargas ilegales, piratería, javierpellicerescritor.com"Perdónenme que lo dude. Los defensores de las descargas ilegales, en muchas ocasiones, se creen que quienes estamos en contra de sus postulados vivimos en un mundo aparte. No, no es así. Nuestro entorno más cercano, el de todos, está repleto de conocidos que descargan contenido protegido. Lo vemos en el día a día: la mayoría de ellos se han acostumbrado a consumir cultura y ocio mediante las descargas pirateadas, muchas veces sin tener conciencia de que estén haciendo algo malo. No conozco a nadie que, tras ver una película obtenida en alguna de esas webs, salga corriendo al cine, compre el DVD o incluso la copia digital que ya ofrecen de manera legal; no conozco a nadie que tras descargar la serie de moda luego se registre en Netflix o cualquier plataforma similar para pagar por el visionado de ese producto que tanto le ha gustado previamente. Sé que hay usuarios que lo hacen, pero son una minoría, y todos somos conscientes de ello, lo reconozcamos o no. Seamos sinceros con nosotros mismos.
Obviamente, y resulta innegable, están proliferando los servicios de pago, desde Spotify, en la música, a la mencionada Netflix, que ya lleva meses en España. Parece que su público es fiel, en algunos casos incluso numeroso, por lo cual hay que felicitarse. Pero quien se ha acostumbrado a descargar de manera ilegal, con total impunidad y facilidad (porque sí, es tan sencillo como googlear un poco o guardar una web de descargas entre tus favoritos), y sin tener que soltar un euro, es prácticamente imposible que quiera renunciar a esa comodidad y enfrentarse a un desembolso económico que, aunque no es excesivo para un sueldo medio, sí puede resultar molesto. Quizás dentro de un tiempo las cosas empiecen a cambiar de manera sustancial, momento en el que este artículo quedará, para mi propia alegría, anticuado.
Con los libros tenemos todavía la ventaja de que se considera un producto físico (cuando hablamos del formato papel) que a muchos les atrae como objeto para su colección, o como regalo. Pero aún así, ¿cuánto tiene que gustarte un libro que has descargado para que decidas comprarlo de manera legal, una vez ya has disfrutado de su historia? ¿Debe ser esa obra que te cambia la vida? ¿Y si solo te ha entretenido? ¿No merece eso pagar el precio que vale? Incluso si no te ha gustado, tras esa obra existe un trabajo realizado que debe ser respetado.
Curiosamente, esta actitud no se traslada a otros ámbitos de la vida. A nadie se le ocurre ir a la frutería, comprar un kilo de naranjas, y decirle al frutero que “si me gustan, ya pasaré a pagártelas”.

Es que ayuda a difundir la obra y a que sea un éxito

alt="bestseller, piratería, javierpellicerescritor.com"Esta es muy graciosa. La difusión y la promoción de una obra es, sin duda, uno de los factores más importantes para el éxito de un libro, probablemente más que su calidad artística. Pero hay que dirigirla en el camino correcto. Cuando uno entra a una de esas webs de descargas ilegales ve un montón de comentarios opinando sobre la obra que se ofrece. Los usuarios dicen que no les ha gustado o que, en cambio, les ha encantado. Unos animan a los otros a que no la vean, o a que sí lo hagan. O mejor dicho: animan a que la descarguen. Nunca, o casi nunca, a que la compren. Sí, eso es promocionar, ¿pero de qué le sirve al autor que difundan una copia ilegal? ¿De qué me sirve a mí, como autor, que mi novela sea la más pirateada, si no voy a ver un céntimo por ello? ¿Para subirme el ego?
“Porque así llegará a más gente y, por estadística, subirán las ventas”, dicen. Pero lo habitual no es que una obra desconocida se convierta en un bestseller por ser la más pirateada. De hecho, es al revés: las más pirateadas son aquellas que ya son un superventas. Pongamos un ejemplo del mundo cinematográfico: ¿Qué película es más descargada en las webs piratas, “El despertar de la Fuerza” o esa película independiente que solo se ha estrenado en un par de cines? Los usuarios que descargan quieren lo mismo que los compradores de las librerías: la novedad, el libro de moda del que todo el mundo habla porque se agotan las tiradas enseguida, esa obra que copa las estanterías de las grandes superficies apenas entras. Por tanto, la descarga ilegal fomenta la descarga ilegal, pero no necesariamente las ventas.

En la próxima entrega, que será la última, remataremos la serie hablando de dos de las consignas más estrafalarias que existen y reflexionaremos sobre todo lo dicho hasta el momento.

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5 thoughts on “Las 10 consignas de la piratería (III)

  1. Comento porque esta serie de entradas (y esta en particular) parece tomar en cuenta solo el mercado español, dejando de lado Latinoamérica y Estados Unidos.

    Vivo en Miami. Pese a lo que dicen las editoriales sobre el surgimiento del mercado del libro en español en Estados Unidos, no he visto mayores cambios en los últimos años. En las estanterías solo se ven libros de autores de renombre; ninguno novel, como sí ocurre con los libros en inglés, que tienes un poco de todo.

    Esto nos obliga a comprar el eBook, cosa que hago gustosa si está a menos de diez euros. Sin embargo, muchos de los autores noveles o menos conocidos fuera de su país de origen trabajan con editoriales que no publican en formato digital.

    Un autor que descubrí el año pasado gracias a que me pirateé su libro fue José Antonio Cotrina, que publicó La canción secreta del mundo con Hidra. El libro me venía muy recomendado, pero costaba 25 dólares más envío a través de Amazon (en este momento el libro está a 32 más envío). Así que fui, lo descargué, me encantó y luego lo compré. Por suerte, Cotrina publicó La canción secreta del mundo en Lektu y ahora puedo recomendarlo sin prestar mi copia.

    Hago reseñas en mi blog y en Goodreads. Si le doy una calificación de cuatro estrellas o más a un libro me lo compro sin importar el precio. Esos son los parámetros que yo sigo. De los demás, no sé.

    La oferta en este lado del charco es un chiste de mal gusto y esto propicia a que en países como Estados Unidos, con buenos estándares de vida y salarios altos en comparación con España, los lectores latinoamericanos pirateen en lugar de importar. Estamos más que dispuestos a pagar por los eBooks incluso si están algo caros. Pero cuando las editoriales ni siquiera publican los eBooks, recurrimos a páginas que digitalizan libros.

    La situación económica en algunos países, donde un libro cuesta en promedio un quinto o incluso un cuarto del salario mínimo, agrava el problema. Entiendo que no se pueda reducir el costo del libro, pero me niego a decirle a una persona que no lea porque no puede comprar.

    Dicho todo esto, admito que hay gente que piratea porque sí. Solo quería matizar lo expresado por esta entrada en particular, que tal vez representa muy bien a España, pero no a Estados Unidos y unos cuantos países en Latinoamérica. Sería interesante hacer una encuesta entre los usuarios de esas páginas. La que uso hasta tiene foro.

    Muchísimas gracias por esta serie de entradas. Están muy interesantes. Y perdón por el wall of text (creo que ustedes lo llaman tocho).

    • Hola, Ana.

      En efecto, el artículo se centra especialmente en el mercado editorial y literario español, que es el que yo conozco de primera mano y del cual me siento legitimado para hablar por experiencia propia. Sin embargo, me consta que todo lo que comentas es cierto. Tengo amigos en Latinoamérica que, en efecto, me comentan desde hace tiempo que la oferta literaria en español es horrible, y se centra en las dos o tres editoriales españolas con capacidad para publicar allí. Es una situación muy triste, tanto para los lectores como para nosotros, los autores. Te puedes imaginar que nosotros somos los primeros interesados en que nuestras obras lleguen al público hispano en otros países, pero no depende de nosotros. Y, por desgracia, tampoco de las editoriales. Publicar en otros países exige una gran infraestructura en el exterior, y por tanto una enorme inversión, que muy pocas editoriales pueden abordar. La otra opción es ceder los derechos de explotación a editoriales extranjeras, pero créeme cuando te digo que hay muy poco interés por parte de esas editoriales no españolas en publicar a los autores poco conocidos aquí (y lo sé por experiencia propia, de nuevo).
      Insisto, una situación terrible para todas las partes, pero que ni siquiera esto puede justificar la descarga de contenido pirateado, y te diré por qué: porque estamos nutriendo a estas páginas de descargas que se aprovechan de nuestro trabajo y que se lucran sin pedirnos permiso. Es un tema de derechos: el del autor a decidir qué hacer con su obra. Pero es que además hay un sustrato delictivo por parte de estas webs, como explico en el artículo “¿Qué se esconde detrás de la piratería?”, en esta misma web:

      https://javierpellicerescritor.com/2014/03/21/que-se-esconde-tras-la-pirateria/

      En cuanto a renunciar a leer, quien quiere leer gratis o a buen precio puede hacerlo sin tener que alimentar estas páginas de descargas. Amazon tiene ofertas de obras gratis, o a muy bajo precio. En Lektu, como comentas, se puede comprar ebooks por medio de un pago por recomendación (entre otros métodos). Y por si fuera poco, hay infinidad de portales de descarga de contenido de dominio público, con cientos de libros, como yo mismo recomendé en otro artículo:

      https://javierpellicerescritor.com/2014/10/14/las-mejores-webs-para-descargar-ebooks-gratis-y-legales/

      Un enorme abrazo y gracias por trasladar tu valioso punto de vista, que entiendo muy bien.

      • Aquí es cuando discrepamos. Yo tengo suerte de vivir en Estados Unidos y sí, pudiera renunciar a piratear y quedarme con la oferta limitada de mi región geográfica. Comencé a piratear porque estaba perdiendo el dominio del español y necesitaba leer en mi idioma. Pero ahora con el advenimiento de Lektu y el crecimiento de Amazon hay más oferta de autores hispanohablantes BUENOS (que una cosa es que haya libros y otra es que sean legibles), por lo que mis actividades se limitan a descargar un eBook de un autor que no conozco y que solo está publicado en papel. Podría prescindir de esto.

        No obstante, hay gente que no puede. Justamente hace unos días hablé con un lector que quería comprar mi segundo libro y no podía por el control de cambio. Para el venezolano promedio, la única alternativa es piratear, lo quiera o no. Cuando un país no puede siquiera cubrir las necesidades básicas de sus ciudadanos, no se les puede exigir que paguen por aquello que no es necesario para sobrevivir o que no lo consuman. Porque luego nos quejamos de que en Latinoamérica no se lee y por eso es que estamos así.

        Como has mencionado en otras entradas, hay páginas libres de lucro, de modo que el argumento de que estamos nutriendo páginas que se lucran de nuestro trabajo se cae en estos casos. Vendría siendo cuestión de principios y, en principio, no me parece una atrocidad descargar un libro de una página sin fines de lucro con el fin de determinar si vale la pena añadirlo a la colección o no.

        Hay gente que va a piratear sí o sí. Poco o nada les importa el trabajo del autor y de la editorial. Lo necesario es intentar alcanzar al lector que lo hace por falta de información. Por otro lado, es necesario aumentar la oferta. Si bien es cierto que colocar el libro en papel en ciertos mercados es imposible, hay alternativas: el eBook. He descubierto unas cuantas editoriales independientes que publican sus libros electrónicos en todos los formatos y a un precio razonable. Otras, sin embargo solo lo hacen en papel. Cuanto más difícil se la pongas al consumidor, más buscará alternativas fáciles.

        Un abrazo.

  2. Me ha gustado el artículo. Es cierto que ninguna de esas frases comentadas justifica a la piratería, pero es cierto que, desde el punto de vista del autor, tampoco tiene que hacer que nos desgarremos las vestiduras.
    Fernando Trujillo, sobre esto, ha dicho en infinidad de entrevistas que por supuesto a él no le gusta la piratería, pero él piensa que le afecta poco a sus ventas porque el pirata jamás se habría comprado el libro, es decir, no le ha quitado dinero porque si el suyo no está pirateado se busca el de otro autor que lo esté. Y que además puede hacer que si al pirata le ha gustado, hable de él y algún otro, que jamás lo habría comprado, lo haga. Como digo, no es justificación de la piratería, pero si es justificación de que jamás sabremos si ayuda más que perjudica al autor, o cuánto perjudica en realidad.

    • Cierto. Yo he dicho por activa y por pasiva que, en mi opinión, la piratería no es el principal problema del mercado editorial y literario, en absoluto. A pesar de que le dedique varios artículos al tema, yo no me paso los días amargado por esta cuestión, rasgándome las vestiduras. Hago mi vida, sigo escribiendo sin pensar en ello más que tangencialmente.
      Pero es que no es una cuestión de ventas, de dinero, es una cuestión de ética y de derechos. A veces nosotros mismos incentivamos la idea de que si no hay perjuicio económico, no hay falta, y no es así. Me afecte negativa o positivamente, no pienso aceptar que alguien se aproveche de mi trabajo sin pedirme siquiera permiso, y encima para hacer negocio (las webs de descarga ilegal). Es una cuestión de orgullo profesional. Máxime cuando, como ya dije en otro artículo, hay asuntos muy turbios tras estas webs de descargas (con conexiones, incluso, con el crimen organizado, y no exagero).
      Y en cuanto a si ayuda o perjudica… me remito al primer punto del artículo.
      Un abrazo, James.

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