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El canon bibliotecario: preguntas y respuestas (III – conclusiones)

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Biblioteca Sant Josep de Ontinyent

Aplicación, excepciones, cuantías y afectados. En los dos anteriores artículos os he acercado la parte más objetiva de la polémica aplicación del canon bibliotecario. Ahora toca reflexionar sobre cómo va a afectar la tasa a bibliotecas, usuarios y autores.

¿En qué afecta el canon a las bibliotecas?

En un mundo ideal, no afectaría en nada: los estamentos públicos dueños de las bibliotecas pagarían el canon y no habría problema alguno, del mismo modo que no lo hay en los países escandinavos, donde surgió la idea. Pero nuestra sociedad no es como aquella, ni las circunstancias las mismas. Existe el miedo (más que justificado) de que este pago recaiga directamente sobre los ya muy reducidos presupuestos para estos centros. Para la elaboración de este artículo he contactado con varios bibliotecarios, y todas sus respuestas son desalentadoras: sus presupuestos llevan congelados desde hace años, y se limitan a lo imprescindible, el pago a los trabajadores de cada centro. Muchos me han comentado que ni siquiera les llega dinero para adquirir novedades o reponer los libros que se deterioran, y que sus catálogos solo crecen gracias a donaciones privadas de los usuarios más fieles y de algunos autores. Ni hablar ya de realizar eventos para promover la lectura.

En dicha situación, ¿podemos confiar en que se creará una partida independiente para sufragar el canon? Resulta más que dudoso en un contexto donde el gobierno ha dado muestras sobradas de no estar por la labor de apoyar lo relacionado con la cultura (sector que, como ya se ha demostrado, es capaz de aportar una gran riqueza al país). Y si se confirman estas sospechas (algo que todavía no sabemos), la situación de las bibliotecas será si cabe más precaria.

¿En qué afecta el canon a los lectores?

Directamente, en nada. Repito: el lector no tendrá que pagar nada por pedir el préstamo de un libro en una biblioteca. Eso no va a pasar nunca. Ahora bien, si el cargo de pagos reduce la capacidad presupuestaria de las bibliotecas (que ya está bajo mínimos), el lector sí podría verse afectado de modo indirecto por la merma de servicios. Pero esto por ahora es especulación, porque no sabemos si los presupuestos para las bibliotecas se reducirán por la aplicación del canon.

¿En qué afecta el canon a los autores?

Viene a paliar una carencia lógica: una obra tiene un coste de venta unitario (cuando se paga al comprarlo) que la biblioteca satisface al adquirirlo. Pero cada vez que presta ese mismo libro, se está haciendo uso del derecho de explotación del autor y la editorial, algo a lo que ambos ceden. Dicho en otras palabras: cada vez que un libro se presta, el autor gana un lector, pero corre el riesgo de perder una venta (o de ganarla, pero todos sabemos que rara vez alguien compra un libro tras leerlo gratis en la biblioteca). Aunque de manera insignificante, esto repercute negativamente en los creadores del libro (autor y editorial), y así lo entendió la Unión Europea en sus sucesivas directivas.

En cuanto al apartado económico, dudo que afecte en lo más mínimo. Como ya he dicho, somos muchos los autores que por un motivo u otro no estamos asociados a CEDRO, así que soy escéptico en cuanto a que recibamos cualquier cantidad por los préstamos de nuestras obras. Pero incluso aunque me equivocara, las cifras que hemos visto en el anterior artículo son tan insignificantes que no van a suponer un cambio apreciable.

¿Cuál es la postura del autor?

Obviamente, no puedo hablar por todos. Pero al menos en mi caso, no veo con malos ojos la aplicación de un canon por libros prestados. Lo tomo como un reconocimiento justo a la figura del creador de las obras, objetivo que debería reforzarse concienciando a la sociedad en otros ámbitos.

Ahora bien, y aquí está la clave, aceptaría el canon siempre y cuando no se dejen de lado unas premisas básicas: que no cueste dinero a los lectores de las bibliotecas, que no afecte negativamente al presupuesto de estas, y que se gestione adecuadamente. Por mi parte resultaría inadmisible que, por recibir una exigua cantidad (si llego a recibirla), unos centros tan necesarios para la defensa de la lectura como las bibliotecas tengan que sufrir más privaciones.

En resumen: o se hace bien, o no se hace. Y puesto que se va a hacer por ley, creo que todas las partes (industria editorial, autores, lectores y bibliotecarios) deberíamos unirnos para ejercer presión y demandar unas condiciones justas para aplicar el canon.

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