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Si los libros fueran más baratos, no se piratearían. FALSO

Es el principal argumento de todos aquellos que exculpan a la piratería de los males actuales de la industria editorial. En parte, y como suelo decir, les doy la razón: no creo que la piratería sea el principal condicionante de la crisis que el sector está viviendo. Hay muchos otros factores a tener en cuenta (crisis económica generalizada, competencia de las nuevas formas de ocio, necesidad de renovar el mercado editorial tradicional…). Ahora bien, ¿es esta premisa (libros baratos = solución contra la piratería) correcta? En absoluto. Y para exponer mi opinión pondré un ejemplo sangrante del que tuve noticia precisamente ayer.

alt="Virginia Pérez de la Puente, javierpellicerescritor.com"Virginia Pérez de la Puente ya no es una escritora con un futuro prometedor, es una escritora consolidada. Hasta hace unos días solo tenía dos novelas en su haber, “La Elegida de la Muerte” y “El sueño de los muertos“, pero ambas han sido publicadas por dos de las más grandes editoriales del país: Ediciones B y Minotauro (del grupo Planeta), respectivamente. Ambas han tenido un gran éxito (teniendo en cuenta la situación actual). Críticos, lectores, compañeros escritores, incluso su correctora, hablamos maravillas de ella. Yo mismo la incluí como ejemplo de que la literatura de nuestro país tenía calidad para aburrir (en el artículo “La literatura nacional es una mierda“), junto a otros enormes autores.

alt="mi alma por mi rey, virginia pérez de la puente, javierpellicerescritor.com"Hace cuatro días, Virginia decidió dar un paso muy arriesgado para un escritor con posibilidades de publicar con editoriales de las grandes: autopublicar su última novela “Mi alma por mi rey” en formato digital. Y digo que es arriesgado porque autopublicar puede cerrar las puertas de algunas editoriales (o abrir otras, por qué no decirlo también). Virginia se está jugando su carrera como escritora.

El precio que eligió para esta novela es de 1,11 €. Un euro por la obra de una autora a la que se rifan las editoriales. Menos de lo que cuesta un café, y ofreciendo muchas más horas de entretenimiento. Menos de lo que cuesta un café por un trabajo enorme, una novela que según cuenta la propia autora en su blog “me ha costado cuatro meses de trabajo. Cuatro meses. 120 días. Y sus noches. Me he dejado los cuernos para escribirla, para corregirla, para maquetarla y hacerle una portada bonita e incluirle unos mapas chulos y dejarla perfecta para mis lectores, aunque sabía que iba a ganar poquito porque el precio de venta es casi testimonial. Ojo: cuando hablo de 120 días no hablo de “ratos libres que podría estar pasando frente a la tele y en vez de eso los paso frente al ordenador”, no: hablo de 8 horas diarias”.

alt="mi alma por mi rey, descarga, virginia pérez de la puente, precio, javierpellicerescritor.com"

Pues bien, apenas cuatro días después de ponerse a la venta, ayer empezaron a aparecer enlaces del ebook en un montón de webs y foros de descarga gratuita. Alguien le había pirateado la novela. Habrá quien alegue que quien entra en estos foros no sabe que ese libro tiene ese precio, ya que no lo pone por ningún lado, pero seamos sinceros: los usuarios de esos portales saben muy bien que ese contenido que le ofrecen es pirata. Nadie es tan tonto para pensar lo contrario. Les costaría muy poco copiar y pegar el título de la obra en el buscador de Google y acceder a la ficha de compra oficial, donde, allí sí, marca el precio.

Y ahora es cuando yo me dirijo una vez más a todos esos que aseguran que si los libros no fueran tan caros, la piratería no existiría. ¿Puede ser más barato un libro? ¿1 euro todavía nos parece caro? ¿Qué no lo es, según vosotros? ¿El gratis total? ¿Gratis por un trabajo como el mencionado por la autora? Bien, hagamos un ejercicio de imaginación y aceptémoslo. A partir de ahora, los autores ofreceremos gratis las obras que escribimos. Pero vamos a implantar esta norma para todos, es lo justo. Mañana, cuando cualquiera de nosotros vaya a su trabajo, el que le da de comer, donde se echa sus horas para producir un bien a la empresa que lo contrata, que lo haga sin cobrar. Y al día siguiente, lo mismo. Ya que los escritores y demás creadores debemos producir contenido por amor al arte, que el resto haga lo mismo. Seguro que los empresarios se frotarían las manos obteniendo beneficios máximos sin pagar nada a cambio. ¿Nos suena la historia?

Tal vez entonces entendamos la situación en la que se encuentra Virginia Pérez de la Puente: “¿Sabéis lo que no es justo? Que yo esté ahora mismo dedicándole ocho horas diarias a un trabajo así de duro y tenga mi piso embargado, esté viviendo de mis padres con 37 años que tengo mientras les pido dinero para pagar la hipoteca de un piso en el que no puedo vivir, y no tenga dinero ni siquiera para pagar el champú (y no, no exagero). Eso no es justo. Sobre todo cuando esas novelas que tengo publicadas, las cuatro, son novelas que la gente lee y que la gente disfruta, o al menos así lo dicen cuando las comentan”.

¿A dónde puede llevar esta situación, en el caso de un autor en concreto? A situaciones en las que “el escritor tendrá por fuerza que dejar de ser escritor para aceptar cualquier otro trabajo que le dé un sueldo al mes (y que obviamente no le dejará tiempo ni energías para seguir escribiendo). ¿Conclusión? No se escribirán novelas, y la gente no tendrá novelas nuevas que leer”, según refleja Pérez de la Puente (en mi opinión muy acertadamente, aunque cambiaría la palabra “escribir” por “publicar”, ya que un escritor apasionado jamás dejará de hacerlo).

Se acabaron las excusas. Se puede alegar que un ebook a 10€ nos parece caro (aunque considero que hay otros modos de combatir esto que llevárselo sin pagar), pero con este ejemplo (que ni mucho menos es algo excepcional; todo autor que está por ejemplo en Amazon sabe que tiene sus novelas pirateadas, le ponga el precio que le ponga) esta consigna se derrumba. Se demuestra una vez más que el precio no tiene nada que ver a la hora de que alguien decida descargarse un contenido pirateado. Todos lo sabemos en nuestro interior, otra cosa es que lo admitamos o prefiramos engañarnos a nosotros mismos (porque al resto del mundo no podemos engañarlo). Se trata de costumbre. Nos hemos acostumbrado a conseguir los contenidos de ocio sin pagar por ellos, porque no tiene consecuencias negativas para nosotros. Se hace porque se puede, sin considerar los aspectos éticos de nuestros actos.

Así que os pido que antes de bajaros contenido protegido por derechos de autor, penséis en todo esto dos veces. Hay alternativas para leer gratis o muy barato si vuestra economía flojea, como ha quedado demostrado con este ejemplo.

Lee el artículo de Virginia Pérez de la Puente sobre este caso

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