Artículo de opinión, Mundo editorial

8 razones para amar los ebooks (I)

Lo digital hace tiempo que ha llegado al mundo literario. Internet es una herramienta a la que hoy en día ninguno de los personajes involucrados con un libro es capaz de renunciar: las editoriales dan a conocer sus publicaciones online, los autores interactúan con el lector en las redes sociales, y estos últimos compran los libros en librerías virtuales. Pero si algo ha revolucionado el panorama editorial y literario es sin duda el ebook, de tal modo que sumado a otros factores ha supuesto un terremoto en un sistema tradicionalmente conservador e inmovilista. Nuevas puertas se abren, se extiende el temor entre algunos de estos actores, la incertidumbre o la esperanza en un camino distinto y más abierto.
En este artículo hablaré de este nuevo formato desde un punto de vista positivo, en busca de todas las ventajas y posibilidades de esta nueva manera de presentar la literatura al lector, pero también de los inconvenientes que ofrece para los involucrados.

Precio

alt="protagonistas de la publicación literaria"Es la primera de las claves que nos vienen a la cabeza cuando pensamos en un ebook. Un libro digital, por fuerza, debe estar a la venta por un precio mucho menor al que tendría en su versión en papel. Así lo dicta el sentido común: la editorial ahorra los costes de imprenta, e incluso puede aprovecharse de los procesos previos de corrección y diseño de portada si la obra ha tenido una versión en papel previa. También se deshace de la contratación de una distribuidora, aunque no de la librería, sustituida por las plataformas de venta online. De todos modos, que nadie se lleve a engaño: un ebook no se produce sin coste alguno, incluso en aquellos que ya han sido producidos en papel. Requiere una inversión para la reconversión del archivo original a un ebook profesional. No se trata solo de pasar un documento en Word a epub, pdf o cualquier otro formato con el programa Calibre, sino que hay que crear ficheros XMLs, índices, e integrar los metadatos y demás recursos que hacen del ebook un producto de calidad (más allá del aspecto puramente literario). Un libro digital no sale de la nada, como mucha gente pretende. Y por tanto es inevitable que tenga un precio.
El cual se ha convertido en el tema de debate más candente. Hagamos un ejercicio de sinceridad y reconozcamos como cierto lo que muchos lectores de los ebooks denuncian: el sector editorial ha tardado en reaccionar en este sentido, y todavía está lejos de contentar por completo las demandas de los lectores. Los primeros ebooks ofrecidos por las casas editoriales que más venden eran caros, muy caros, excesivamente caros. Nadie podía entender que una novedad en digital, aunque fuera de un autor superventas, se vendiera a 15€, apenas más barata que en la edición tradicional. El miedo a este nuevo formato, la incertidumbre y la presión de perder el favor de las distribuidoras (a las que tampoco se puede culpar, pues es legítimo que defiendan su negocio) hizo que aquellos primeros momentos llevaran a auténticos despropósitos.
alt="los más vendidos de Amazon"Pero del mismo modo que criticamos estas actuaciones, es justo reconocer que todo ha cambiado mucho en muy poco tiempo. Hace menos de dos años, una novedad destacada de una gran editorial costaba en torno a los quince euros mencionados antes. Hoy la mayoría valen menos de 10€. Solo hace falta ver el Top 100 de Amazon para advertir la diversidad de precios, casi todos por debajo de este precio. Es una bajada considerable, tan brusca como poco habitual en la mayoría de negocios. ¿Qué producto se abarata un 20% en unos pocos meses? Y seguirá descendiendo, porque no puede ser de otro modo.
Las grandes casas editoriales no son estúpidas (aunque sí lentas en reaccionar). Saben que el ebook no va a desaparecer, sino que su ascenso continuará imparable. ¿Alguien cree de verdad que Planeta o Random House no encontrarán un lugar en el nuevo escenario planteado? Mientras tanto, ¿por qué no bajan los precios de golpe? Pues porque una industria que mueve tanto dinero (el 1,3 % del PIB nacional), con un entramado organizativo tan arraigado, no tiene la capacidad de cambiar tan radicalmente como los nuevos consumidores demandan. Hay infinidad de puestos de trabajo en juego, y un modelo conservador por naturaleza al que le cuesta ajustarse. Bajar el precio de un modo drástico supondría apostarlo todo al formato digital (¿quién compraría libros en papel si los ebooks de autores superventas costaran de repente, por ejemplo, 3 €?), con la profunda reestructuración que ello supondría y el impacto que tendría en servicios tan íntimamente ligados al sector del libro como las imprentas, las distribuidoras y las librerías (propiedad en ocasiones de las mismas casas editoriales). Y aún así, algunas ya han comenzado a hacerlo. B de Books (perteneciente a Ediciones B) fue la primera entre las destacadas en dar un salto al vacío en ese sentido, ofreciendo contenido digital a precios más que justos. Sin embargo, su trato con los autores está siendo muy criticado por estos, que la acusan de no promocionarlos, quizás debido a que esa apuesta de inicio con sus primeros lanzamientos no tuvo una respuesta demasiado positiva por parte del público lector.
Afortunadamente, hay alternativas para presionar el cambio en estas grandes compañías. Las editoriales independientes, menos ligadas por definición y con entramados empresariales más flexibles, se han lanzado ya a la publicación en digital, en ocasiones incluso sustituyendo por completo la edición en papel. El éxito de su arriesgado movimiento marcará el camino para las grandes, así que al lector le interesa apoyar a estos valientes comprando sus ebooks (un motivo más para despreciar la piratería) y conseguir así que se imponga el modelo de precios bajos.
alt="precio del ebook"También las grandes plataformas online han cambiado el panorama. Itunes, Google Play y, sobre todo, Amazon, copan las ventas. Estas tiendas son el hervidero especialmente de los autopublicados y autoeditados (diferencia que explicaré próximamente en un artículo), aunque también ya de las editoriales. La feroz competencia ha creado una guerra de precios indudablemente favorable al lector, aunque no tanto a los autores autoeditados, que se ven obligados a poner sus obras a precios en mi opinión ridículos que no llegan ni a 1€ para ganar visibilidad en los Top. Aún así, algunos logran destacar y cimentar una carrera incluso más sólida y estable que la que conseguirían con la publicación tradicional.
Sea como sea, sabemos que un ebook hoy en día supone como mínimo un ahorro del 50% en comparación con el formato tradicional. No está nada mal para empezar. Estamos ante la nueva edición de bolsillo del siglo XXI.

En la segunda parte de este artículo sobre el ebook seguiremos estudiando cada una de las grandes ventajas que supone este nuevo formato.

Fuentes:

http://www.lamoncloa.gob.es/ActualidadHome/2009-2/230410-enlacelectura
http://mercedespinto.wordpress.com/2014/04/12/captados-en-amazon-esclavos-de-la-pluma/

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15 thoughts on “8 razones para amar los ebooks (I)

  1. Claro, Javier que hacer un ebook no es gratis (nada lo es) y debe tener un precio. Muchas personas creen que hacer un libro digital no requiere de los procesos que sí se llevan a cabo para un libro impreso y, en realidad, a excepción de la impresión, son fundamentales también los demás procesos: correcciones, maquetación, diseño interior y exterior, promoción, etc. Sobre este tema, me permito compartir la entrada “Hacer un ebook no es gratis, tiene costes” que escribí en mi blog: http://goo.gl/16Zvbr
    Si una editorial publica en papel y en digital prorratea el coste de edición del libro entre ambos formatos de publicación. El gran desafío -y resistencia estoica- lo hacen las editoriales digitales, que no pueden prorratear el coste de producción en dos modalidades, y así y todo apuestan por PVP de ebooks acordes a la percepción del mercado. Me refiero a editoriales como Sinerrata, Musa a las 9, Triskel, Fata Libelli, etc.

    • Como siempre, una cosa es lo que la mayoría de la gente cree y otra la realidad. Ese es el motivo de nuestros artículos, Mariana, dar a conocer una situación que muchos desconocen porque se han dejado llevar por consignas populistas.
      Muy buena tu entrada, lo leí hará unas semanas por mediación de Javi de Rios.

  2. No estoy de acuerdo con esta frase “quién compraría libros en papel si los ebooks de autores superventas costaran de repente, por ejemplo, 3 €?)” que dices.
    Yo sí seguiría comprando libros en papel.
    Y creo que muchísima gente.
    El problema, Javier, aparte de todas esas cosas económicas que a mí que soy de Letras se me escapan, es más prosaico. La gente sencilla, la normalita, la que no “está al loro”, ni “en el ajo”, no considera esas “cosas” como libros. Es más, tanto que se habla de “superventas” y de sus ventas en amazon; ve a la feria del libro: tienen colas de decenas de gente para que les “firmen en papel”.
    No es asunto de precios. Es asunto de formato. Es que hay mucha gente como yo, más de la que a muchos les gustaría, que preferimos el olor a tinta.
    Y que si sale el último libro de Ana María Matute, pongo por caso, se lo pedimos al librero de toda la vida: no nos vamos a Amazon.
    Que está bien que existan los e-book, pues claro. Muy bien. Yo también he comprado alguno. Ahora, te soy sincera, ese alguno que he comprado es porque no lo considero muy necesario, sólo quería leerlo. Los libros, los de papel, no sólo son necesarios: son un legado. Una manera de ser y de estar.
    Que no soy “modelna”… pues no.
    Saludo cordial.

    • Alena, yo también compraría libros en papel a pesar de ello, porque también son mis preferidos. Pero estamos condenados a la extinción. Las nuevas generaciones son digitales, y verán como una locura pagar 20 € por un libro físico (aunque como dije en uno de mis artículos, es un precio justo de acuerdo a sus costes) si hay una opción tan barata.

  3. Un_lector_más dice:

    Los que han estado frenando la llegada del ebook no hace más que equivocarse. Y quienes hablan del formato electrónico en tono despectivo no hacen más que mirar hacia sí mismo, negando la necesidad de muchos.
    Quienes no vivimos en núcleos grandes, a parte de no tener acceso a esas librerías especializadas, nos gastamos una pasta en gastos de envío. Si lo unimos al, cada vez más escaso, poder adquisitivo de muchos de los que leemos… ¡apaga y vámonos!
    El ebook abre unas puertas, y cierra otras, no lo niego. Pero el mundo es como es.
    Se habla mucho de los empleos que destruye el ebook…
    Pues leed: Yo soy carpintero metálico-cristalero. Hace unos años (unos 25) cambió todo el tema de carpintería. Ya venía la ventana, el cristal y la persiana unidas. A diferencia de lo clásico, que había sido cada pieza por parte, e ir a la obra a colocarla.
    A mí no me gustó, ni a muchos de mi gremio, pero es lo que la gente pedía cada vez que hacía una reforma u obra nueva, además de que los arquitectos lo solían reflejar en los proyectos.
    ¿Qué sabe la gente si es mejor o peor? El público pide y el que trabaja tiene el deber de actualizarse y ofrecer ese producto.
    Nosotros no pudimos frenarlo, y quien lo intentó se extinguió.
    ¿Acaso me puse yo como un “energúmeno” a gritar a los cuatro vientos que eso era un crimen?
    No veo por qué he de preocuparme yo por los libreros o industria ligada a la imprenta. No les queda otra que hacer lo que yo hice: reconvertirme.
    Y a nadie le importó. Pero tampoco negamos a nadie la posibilidad de ese nuevo producto. Cosa que sí ha hecho la industria editorial. Y por desgracia, tuvo que llegar Amazon (muy en contra de lo que los editores nacionales querían) a dejarnos disfrutar de la literatura en digital. Por que si es por los editores españoles no nos queda otra que tirar de la piratería. O de leer clásicos.
    Yo no he defendido nunca la piratería. Y de hecho he tenido mis “broncas” con usuarios de foros en los que aparecen novelas a precios ridículos o que el propio autor ofrece gratis en su web.
    Claro que he descargado libros piratas. Cuando no me los querían ofrecer los editores. Pero desde el momento en que eso ha cambiado, pago sin pensarlo dos veces. Incluso 14€ he llegado a pagar por un libro de José Carlos Somoza (Tetrammeron), pero es que si algo me gusta y no quiero esperar, creo que es justo pagar el precio de salida.
    Por un lado los precios abusivos, pero lo que más ha dolido a los lectores es la negativa de las editoriales a ofrecer los ebooks.
    Y en mi caso, con problema de visión, si quiero leer, tiene que ser en e-ink(tinta electrónica, nada de tablets), donde puedo adaptar la letra a mi necesidad. Al go que no puedo pedir que me resuelvan en las ediciones impresas.
    Pasé de casi no leer (antes de mi enfermedad me gastaba casi 1000€ al año en libros), a poder volver a disfrutar de mi vicio: la literatura de entretenimiento.
    Mal por quienes pìratean, pero muy-muy mal por parte de los editores por intentar frenar el progreso.
    He puesto el ejemplo de mi gremio, porque es el que conozco, pero cualquier podrá extrapolarlo al suyo propio.
    Conclusión: no se le puede negar al cliente lo que pide, o este se volverá en tu contra.
    Costará recupera al lector, habiendo tanto como hay en la red, pero confío que, como yo, haya cada vez más gente que piense dos veces a quién beneficia descargar un libro de esas webs tan conocidas.
    Lo que yo hago, es esto: si el precio es abusivo, paso del libro, hay mucho para leer, y estas pequeñas editoriales digitales que van surgiendo tienen cosas muy interesantes, mejor me enfoco en ellas. Si el que es caro me interesa, lo marco para futura compra, he podido comprobar que con el tiempo acabo viendo una oferta o el libro baja de precio significativamente.
    Si el libro es de lo que muchos denominan “un don nadie”, entonces ¿para qué leerlo o quererlo en esas webs?
    Por cierto, Stephen King (y otros tantos), fueron unos “don nadie” en sus inicios…
    Si no se apoya aquello que interesa, desaparecerá.
    Por cierto, mi situación es mala, como la de muchos ciudadanos. Pero no me escudo en ella para no pagar por lo que es justo. Pero tampoco dejo que los editores que no quieren que el ebook triunfe, me tomen por “tonto”, o me consideren un “lector de segunda”. Sí porque el 90% de las ediciones de ebooks son una verdadera mierda.
    En fin… ya he “largado” suficiente.
    Suerte con el resto de entradas.
    Saludos,
    Firmado: Un lector recuperado gracias al ebook.

    • Me parece una declaración muy respetable y consecuente la tuya, amigo lector. En efecto, los ebooks pueden servir para que mucha gente redescubra la lectura. Y obviamente es una tontería poner trabas al progreso. Pero también es bueno hacer un ejercicio de empatía con el prójimo y comprender que es lógico que la industria editorial tarde en reaccionar a estos cambios. Ocurre en todas las profesiones, no es tan fácil reconvertirse de la noche a la mañana, y menos desde sectores que cargan con una tradición de siglos. Al final, todas las editoriales se adaptarán (ya empiezan a hacerlo) y las que no lo hagan probablemente desaparecerán. Y entiendo que así debe ser.

      • Un_Lector_Más dice:

        Lo siento, pero no me puedes hablar de empatía.
        En este país nadie apoya a nadie. Yo no he tenido el apoyo de la gente cuando tuve que invertir más capital del que había ganado en reconvertirme.
        Lo hice, sin saber qué pasaría.
        Y tras la conversión vinieron más problemas, ¿o crees que todo ha sido de color de rosa estos años?
        Quejas de los clientes por no tener ciertos colores en stock, obligar a mi proveedor a surtirme de los colores que me demandaban y dos meses después cambiar esa tendencia e ir eligiendo otros colores que antes no se demandaban.
        ¿Qué hacer con lo que ya se había fabricado para no tener que hacer esperar a los clientes?
        Me temo que no, Javier, no hay empatía en ningún gremio. La gente va a su bola, y lo peor que se puede hacer es frenar la entrada de un producto. Que es lo que se hizo con el ebook.
        Entiendo que hables de los libros porque te toca más de cerca, pero esto pasa en todo.

        Llevo cinco años leyendo en digital, pero en inglés (filólogo inglés, de formación), y no quiero dejar de leer en castellano. Y hay mucha gente que no tiene facilidad con los idiomas.
        Lo que más me duele es que no sean capaces de admitir que teniendo de ejemplo lo que ha pasado con la música y el cine, no sean capaces de reaccionar y no dejar que les atropeye el tren digital en el mundo de las letras.
        Al menos yo soy consecuente y aporto mi granito de arena a quienes sí han vendido los ebooks desde el primer momento que hubo público para ellos. Fueron pocos, pero lo hicieron, y estoy de acuerdo en que no se merecen que sus libros aparezcan por todos los rincones de la red.

        Una cosa sí quiero agradecerte: el enfoque bastante neutral con que estás abordando las distintas entradas de tu página (sí, las leo todas); pero no puedo estar de acuerdo contigo en lo referente a empatizar. Un proveedor que ignora la realidad (lectores pidiendo ediciones digitales de las nuevas publicaciones), no ha tenido empatía con sus clientes.
        Otra cosa es digitalizar todo el catálogo editorial, pero desde que aparecieron los primeros ereaders en España, los nuevos lanzamientos se podían haber publicado casi a la par, y no se hizo.
        Eso es ignorar al cliente.
        Si yo quiero leer el libro no puedes decir por mí en el modo de leerlo, del mismo modo que nadie puede elegir lo que pidés en un menú o, volviendo a mi gremio, de qué color o qué tipo de ventanas quieres poner en tu casa.

        ¡Ah! y gracias por no censurar mis comentarios. No sería la primera vez que pasa.

        Saludos.

      • No, por Dios, yo nunca censuro ningún comentario. Lo único que puedo llegar a borrar sería si hay insultos, y por supuesto no es tu caso, que te muestras muy respetuoso.
        Insisto, entiendo tu punto de vista, pero en lo de la empatía no estoy de acuerdo. Justificarse en que otros no la ejercen no es excusa, porque eso es lo que hace que nuestra sociedad sea como es: cada uno mira por sus propios intereses, sin apego por la comunidad. A mí me han dado muchos palos, pero sigo creyendo en ponerme en el lugar de la otra persona para entender al menos su modo de actuar. En este país nadie apoya a nadie, dices, y tienes razón. ¿Y quiénes son los culpables de que así sea? Todos. No solo los que ocupan una posición de poder (cualquiera que esta sea), sino nosotros mismo, que cómo aseguras, adoptamos esa postura egocéntrica como modo de vida. “Fer com fan no es pecat”, dicen en mi tierra valenciana, que significa “hacer como hacen los demás, no es pecado”. Y ese es el gran mal de nuestra sociedad. Envidia me dan países como Finlandia o Noruega, donde existe un verdadero sentimiento de comunidad.

        Sea como sea, como te digo, respeto tu opinión, porque en muchas cosas no te falta razón.

        Un abrazo, y pásate por aquí asiduamente, que las puertas siempre las tendrás abiertas.

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