Artículo de opinión, Mundo editorial

¿Por qué las editoriales rechazan nuestras novelas? Causas y soluciones (V)

Hemos acumulado ya un buen puñado de motivos para explicar esos rechazos editoriales que no paramos de recibir. Así que llega el momento de hacer balance y reflexionar.

alt="rechazo editorial, Forges, javierpellicerescritor.com"

Hemos visto los motivos principales por los que las editoriales rechazan los manuscritos que les llegan: elegir una editorial inadecuada con la temática de la obra, presentar la obra de modo incorrecto, ofrecer una historia alejada de lo convencional y vendible, no ceder ante los consejos del editor, presentar las obras a grandes editoriales y, por último y más importante, que la novela esté mal escrita. Son normas sencillas de comprender y básicas, que por supuesto no son inflexibles. Un autor puede tener suerte y encandilar a un editor con una obra totalmente transgresora después de ofrecérsela presencialmente en algún evento en el que han coincidido. Pero estas excepciones son precisamente eso, salvedades. El aspirante a publicado debería, en mi opinión, aprender y seguir las reglas cuando empieza. Solo después, con un trecho del camino ya recorrido, tal vez tenga la libertad para poder romperlas.

alt="guía rápida, cartas de rechazo, javierpellicerescritor.com"Ya sabemos qué pasos seguir para minimizar los rechazos editoriales. ¿Pero qué hacemos si ya nos han dicho que “no”? Antes que a la ira, los rechazos deberían apelar a la humildad. Resulta saludable no señalarnos como mártires sin hacer un ejercicio de autocrítica en primer lugar. Lo fácil y cómodo para nuestra conciencia es lanzarnos de buenas a primeras contra un mercado editorial supuestamente rendido al producto comercial o atacar a unos editores que no saben reconocer lo bueno (dejando claro que lo nuestro es lo bueno, por supuesto). Podría entender y aceptar estos pataleos si vinieran de autores consagrados, aquellos que ya han demostrado una calidad indiscutible. E incluso en ese caso habría que matizar. Pero suena chocante cuando estas consignas llegan de boca de autores noveles, muchos de ellos con una sola novela escrita (la que exigen que se les publique). Y me pregunto, ¿cómo es posible que un autor que empieza, inexperto, haga gala de tal soberbia, creyendo que el mundo entero «me tiene manía»? ¿No será tal vez que el error, amigo autor, lo has cometido tú?

No me gusta ponerme como ejemplo de nada, pero viene al caso: antes de publicar mi primera novela, «El espíritu del lince», había escrito nueve obras (y decenas de relatos). No traté de moverlas todas, pero aquellas que creí estaban mejor escritas sí fueron ofrecidas a agencias y editoriales. Y fueron rechazadas. Pero en lugar de ofuscarme con el mundo editorial, de erigirme como víctima, en cada ocasión me detuve a reflexionar, a pensar a qué eran debidos esos rechazos. Y me di cuenta (gracias a la opinión de otras personas) que aquellas obras no eran lo suficientemente buenas; que yo, como autor, todavía no estaba a la altura de crear una novela lo bastante madura para ser ofrecida al lector. Comprender esto me dio las armas y la voluntad para mejorar y alcanzar mi primer objetivo, y a día de hoy me alegro de que esas obras fueran despreciadas. Algunas veces las ojeo y me doy cuenta de cuánto he mejorado desde que creía que tenía la mejor historia del mundo (y lo que me queda, aunque al menos ahora tengo un nivel mínimo aceptable). Si nos obcecamos, si nos negamos a reconocer que tal vez el problema reside en nosotros, nos quedaremos estancados en un autoengaño del que jamás saldremos, y que solo nos reportará amargura. Las prisas (y los egos) no son buenas consejeras. Y aunque suene a tópico, nada enseña más que una caída.

Está empezando a implantarse el concepto de que una obra que no se publica es un fracaso para su autor. ¿Pero por qué tiene que ser así? Yo creo que se trata de un error pensar de este modo. Desde mi punto de vista, toda novela, relato o texto de cualquier índole, es un paso más en el camino del escritor. No importa que jamás salga del disco duro del ordenador, o que sea rechazado. Es una lección más, una práctica más, un paso más hacia el progreso. Toda obra forma parte de un proceso de aprendizaje, del mismo modo que ocurre en cualquier oficio. ¿Acaso un futbolista ficha directamente por el Madrid o el Barcelona? No, primero pasa por la cantera o por algún equipo más modesto, y poco a poco va demostrando su valía (o no) hasta alcanzar la titularidad en un gran club. Esto ocurre en cualquier otro ámbito de la vida. ¿Por qué tiene que ser distinto en el mundo literario y editorial?

En resumen, sin dejar de reconocer que los rechazos editoriales pueden ser un fallo del editor (famosos son las negativas a autores como Nabokov, Orwell o Borges), cuando recibimos uno de estos «no» debemos en primer lugar apartar las prisas por publicar y movernos hacia la autocrítica. El rechazo es el mejor momento para valorar si el autor ha hecho bien las cosas, si debe cambiar el método, la obra, el enfoque o el objetivo. Y para ello se necesitan algunas dotes que parecen casi extintas en el mundo actual: humildad y capacidad de reflexión.


Fuentes

http://www.literaturasm.com/Como_presentar_una_obra_a_una_editorial.html
http://www.tramaeditorial.es/Shop/Product/Details?id=169
http://elguionistahastiado.espacioblog.com/post/2007/08/16/reglas-pracitas-redaccion-y-estilo-literario-

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