Artículo de opinión

¿Qué se esconde tras la piratería?

«Si los libros fueran más baratos, no existiría la piratería», «la cultura debe ser gratuita» o «el autor debería sentirse halagado de que alguien crea que su obra es lo bastante buena para ofrecerla pirateada». Estas son algunas de las consignas que repiten hasta la saciedad los defensores de la piratería de libros (bien porque son consumidores o porque se lucran con ella). La primera de estas aseveraciones se cae por su propio peso cuando vemos que en algunos portales de descargas ilegales se ofrecen obras cuyo precio en Amazon no alcanza siquiera un euro. La segunda queda desmontada con una pequeña retrospectiva histórica: los productos y servicios relacionados con la cultura jamás han sido gratuitos; bien fuera a través de la inversión del propio creador, de un mecenas o del comprador usuario, alguien ha tenido que pagar por ellos. Pero, ¿qué pasa con la tercera? ¿Es cierto que tras los enlaces de descarga hay un afán de reconocimiento hacia el autor?

Quiero dejar constancia ante todo de que este artículo no tiene por objeto valorar el impacto de la piratería en el mercado editorial (o de ocio en general), ni buscar una posición victimista. Simplemente pretendo explicar cómo se dan estas prácticas en la actualidad. Las valoraciones éticas y morales quedan a cargo del lector. Huelga decir que como autor mi postura es abiertamente en contra de la apropiación ilegal de contenidos protegidos por derecho de autor, práctica que creo no tiene justificación en ningún caso.

alt="escáner libros javierpellicerescritor.com"Lo primero que debe quedar claro es que nadie (o casi nadie) escoge un libro para ofrecerlo en descarga gratuita. Al menos ya no con la asiduidad que se hacía antes. Los días en que un individuo se pasaba horas escaneando un libro físico y luego utilizaba un software de reconocimiento para convertir en texto las imágenes casi han pasado a la historia, y se limitan a grupos reducidos de fans de algún género muy concreto. Ocurre, no se puede negar (a mí me ha tocado sufrirlo), pero es una tendencia que está cayendo en desuso gracias a la incorporación al formato digital de las novedades del mundo literario, que ahorra este laborioso proceso.

Así pues, no hay selección de novelas en virtud del gusto del pirata. Razonemos un poco y entenderemos la lógica de esta afirmación. La cantidad de contenido ilegal que puede encontrarse en internet es tan vasto que materialmente resulta imposible que surja de individualidades, de procesos casi artesanales. Nadie (o casi nadie, insisto) se pasa los días escaneando o comprando ebooks con el afán desinteresado de ofrecérselos a gente que no conoce. ¿Y quién costearía indefinidamente los gastos de mantenimiento de una web de descargas por amor al arte, si ello no le reportara algún beneficio económico? En estas prácticas hay un sistema organizado de fondo.

La cosa, pues, funciona actualmente así, a grandes rasgos: existen individuos que se dedican a robar información, de cualquier tipo. Son los llamados crackers y copycrackers, bastante alejados de la romántica imagen del simple hacker antisistema con complejo de Robin Hood. Todo tiene un valor en el mercado negro si sabes encontrar al cliente interesado. Y solo hay que ver la afluencia de visitas de las webs de descargas para comprender que los contenidos de ocio y entretenimiento tienen una gran demanda. Estas personas pueden ir por libre o incluso trabajar directamente para auténticas mafias organizadas dedicadas a realizar negocios ilegales de cualquier índole. Según la reconocida empresa de software de seguridad, Kaspersky, en el mundo hay miles de organizaciones criminales (de mayor o menor envergadura) dedicadas a acceder a equipos y conseguir para sí toda información que pueda reportar beneficios en negro, desde datos de empresa a contenidos digitales relacionados con el entretenimiento y la cultura.

alt="viñeta pirateria genoma javierpellicerescritor.com"Para estos piratas, colarse en las cuentas de Amazon o Google Play con la intención de apropiarse de todo el catálogo adquirido por su dueño (o para conseguir sus datos bancarios y desplumarle) es coser y cantar. Parece complicado, pero cualquier cracker os dirá lo fácil que es descifrar una contraseña. No somos conscientes de la cantidad de cuentas que se vulneran cada día en el mundo, y la mayoría de veces se hace con sistemas automatizados (scripts y bots) que «eligen» cuentas de manera aleatoria y las revientan sin que el usuario llegue a saberlo nunca. Sí, amigo lector, es posible que alguna de tus cuentas esté comprometida en estos mismos instantes. Dropbox, Mediafire, etc… Nada es impenetrable, sobre todo cuando estadísticamente la mayoría de usuarios utilizan contraseñas de patio de colegio. Si roban datos a grandes multinacionales y bancos que invierten en poderosas medidas de seguridad, ¿cómo no van a lograr crackear una simple secuencia de números y letras basada en nuestra fecha de nacimiento o grupo musical favorito?

Bien, nuestro amigo cracker ya ha «granjeado» por la cara una buena cantidad de contenidos de pago. Se ha hecho con, pongamos, doscientos ebooks de usuarios de Amazon, y ni sabe ni le importa de qué títulos se trata. Insisto, no los selecciona, ni siquiera se para a ver qué libros ha conseguido. Sencillamente los consigue y se los pasa (previo pago, claro) al siguiente intermediario: el bucanero. Este reúne la información por lotes y los pone a la venta en auténticas lonjas virtuales o mediante acuerdos con alguno de los eslabones de estas redes criminales. Es el mercado negro de la piratería, conocido como The underground  hacking economy (recomiendo encarecidamente leer los tres primeros enlaces de las fuentes que incluyo al final del artículo). ¿Y a dónde va a parar toda esa información robada? Efectivamente, a los grandes portales de descargas con publicidad incorporada (normalmente pornografía, casinos, etc…), cotos cuyas entradas periódicas con el correspondiente enlace del libro (o disco, o película, o serie) se cuelgan automáticamente. El negocio, por supuesto, está en los anunciantes, que pagan en función del tráfico que tenga la web. En 2013 se pagó por publicidad en páginas que ofrecían contenido protegido por derechos de autor alrededor de 227 millones de dolares.

Tiene sentido. Todos sabemos cuáles son las páginas más visitadas de Internet. La mayoría las tiene en su barra de marcadores o favoritos: las páginas de descargas. Acuden a estos portales cada semana con la intención de ver si ya está disponible el siguiente capítulo de la nueva serie de moda en USA o para acumular nuevo contenido para sus lectores de ebooks. Los administradores de estas webs ganan auténticas fortunas sin apenas mover un dedo, solo por colgar un enlace de descarga directa o un torrent, operación que además suele estar programada. ¿Quiere decir esto que todas las webs que ofrecen descargas ilegales funcionan de ese modo? En absoluto. Los portales y foros más modestos todavía alojan a algunos de estos románticos de la cultura libre, pero la mayoría de enlaces posteados han sido copiados de las fuentes originales, sitios como The Pirate Bay, EpubGratis, KickassTorrents o similares. De este modo, se crea un efecto pandemia imposible de controlar.

Así pues, los libros que nos piratean a los creadores no están en esos portales como homenaje a nuestro trabajo, ni porque un lector al que le ha gustado quiera compartirlo con el mundo. Ya hemos visto cuál es la verdad: que existe una auténtica mafia escondida tras supuestas comunidades de usuarios. Para esta gente nuestras obras solo son una mercancía con la que lucrarse, y quienes las descargan son simplemente cómplices que nadan en la ignorancia.

Nota: Quería agradecer especialmente a Joshua Bedwyr las aclaraciones que me transmitió sobre los crackers y sus funciones.

Fuentes:

http://www.adslzone.net/article13286-the-underground-hacking-economy-el-mercado-negro-de-los-piratas-informaticos.html

http://www.redeszone.net/2013/11/26/precios-de-los-diferentes-tipos-de-ataques-informaticos/

http://m.dinero.com/empresas/articulo/empresas-hacker-cobran-datos/189128

http://www.forospyware.com/t146505.html

http://blog.segu-info.com.ar/2012/12/explorando-el-mercado-de-las.html#axzz2w8qhdKE1

http://prensa.pandasecurity.com/wp-content/uploads/2011/01/Mercado-Negro-del-Cybercrimen.pdf

http://internacional.elpais.com/internacional/2012/06/27/actualidad/1340782338_483548.html

http://www.lavozdegalicia.es/hemeroteca/2004/10/30/3161194.shtml

http://www.diariolacamara.com/2013/07/seriesly-una-mafia-en-la-red.html

http://elpais.com/elpais/2013/02/19/eps/1361281322_025092.html

http://amqueretaro.com/2014/02/publicidad-pirata-un-negocio-muy-rentable/.html

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11 thoughts on “¿Qué se esconde tras la piratería?

  1. Pingback: 8 razones para amar los ebooks (II) | JAVIER PELLICER

  2. un_lector_más dice:

    No hay manera de parar la piratería. En ninguno de los frentes. Da lo mismo películas, música o libros. El desconocimiento de los procesos de creación es lo que lleva al usuario medio a dar por sentado que todo esto sale gratis. Pero, no nos equivoquemos, es en todo en general, no solo en lo concerniente al arte. Pregunta a cualquiera que tenga un negocio. Todo el mundo te dirá que la queja principal de los clientes es que siempre se quejan del precio. Pero es que el ser humano, sobre todo el español, es así. Y digo sobre todo el español porque es el que se lleva la palma, sin quitar su parte de mérito a clientes extranjeros que he tenido (franceses e ingleses) que te “gitanean” del mismo modo que los españoles.
    Esto es generalizado: se piratea en todo el mundo. USA es el número uno y, según un informe que leí hace poco, los españoles estamos en el sexto puesto. Aunque yo me inclino a pensar que estamos en ese puesto por que en población estamos por debajo de los que nos “ganan” en la lista.
    Este es un país de envidiosos, y cuando a alguien le va bien, tenemos que aguarle la fiesta porque sí. Esas webs que tienen los libros pirateados se han jactado siempre de “ayudar” a los autores. Ponen sus enlaces al libro en descarga. Eso ayuda poco a que el autor venda. Luego alegan que cada uno es libre de si quiere apoyar al autor que vaya a los portales legales y pague, pero el libro se queda allí para que todo cristo lo lea sin pasar por caja.
    Me parecería correcto si fuese un libro necesario para subsistir, y no se pudiera abonar lo que cuesta. Pero no es el caso. La mayoría de la literatura que se lee es de consumo. Nos aporta, como todo en esta vida, pero no son la base para subsistir. De modo que eso de “la cultura ha de ser gratuita” no hay quien se lo trague. Además, los que defienden las bibliotecas se tendrían que informar que los libros que han leído gratis en la propia biblioteca compensaban al autor de un modo u otro. Estas webs de descarga, no aportan nada. Por no aportar, ni siquiera tienen un enlace a la página/blog del autor. ¡Menudo “servicio” desinteresado!.
    Pero oye, hay que creerse la mentira de alguna manera…
    Decía que es un país de envidiosos porque he conocido autores que arrancaban con la auto-edición digital que se han respetado en esas páginas, hasta que los ha fichado una editorial. En ese momento, se les ha criticado, y se les ha pirateado su libro por igual. Cuando con el primero (y con el que consiguieron que un editor se fijara en ellos) se les ha apoyado.
    ¿En que quedamos?¿Queremos que los escritores triunfen o no?
    Señores, tal vez el mundo editorial, tal y como está ahora no sea ideal, pero sin cada una de las partes involucradas la literatura cada día tendrá peor calidad. Los correctores aportan algo muy importante, los diseñadores gráficos muestran con la creación de una buena portada lo que nos podemos encontrar entre esas páginas. Un buen maquetador nos ayuda a centrarnos en la lectura y no estar pendiente del desastre del 99% de las obras que aparecen en Amazon u otros portales auto-editados.
    Las partes implicadas son necesarias. Lo que posiblemente sobre es el sistema tal y como está ahora.

    Me temo que esto es algo que tienen que resolver los usuarios. No pirateando aquello que se vende a precios decentes .Y esto incluye lanzamientos en ebook a 9.99€, que no es excesivamente caro para un lanzamiento, y que al poco bajará… si tanto interés hay por leerlo no veo tan impensable pagar esa cantidad, y que incluso encontrarás a precio de risa si tienes paciencia. Yo mismo he comprado títulos de más de 10€ meses después por tan solo 1.89€.

    Y… dejemos una cosa clara. La culpa de todo esto la tiene la industria. En música, en películas, en libros se ha querido prohibir la circulación de los formatos puramente digitales, y eso ha empujado al cliente a buscar por otras vías aquello que le interesa. Tengamos claro que es el cliente quien decide como consumir. Y si no se le escucha dejará de lado a quien sea necesario.
    Se ha puesto mil pegas a la entrada al ebook en este país. Y solo se podían encontrar los libros en esas webs alternativas. Cuando han querido ponerse la gente ya tenía por costumbre acudir a esas webs, y encima se les ha querido imponer precios que no tienen sentido. El problema es que el usuario no ha distinguido entre los que se negaban a dejar fluir el ebook con precios prohibitivos y a quienes apostaron por él desde el principio.

    Hasta que no seamos conscientes de que si no pagamos por el trabajo de los demás no podemos pedir que valoren el nuestro esto no cambiará. Y esto pasa con todos y cada uno de los gremios. No solo pasa en el gremio del entretenimiento.

    • Dices verdades como puños, amigo. Solo disiento en una cosa: aunque el ebook hubiera tenido una entrada fácil en el mercado español, creo que hubiese existido la misma tendencia a piratear contenido. Se piratea no por el precio, ni siquiera por la disponibilidad de los contenidos, sino porque existe una alternativa ilegal que cautiva al consumidor porque lo tiene todo: es fácil de conseguir, es cómodo, es gratis y es anónimo. Y, para colmo, no está mal visto. Y ante eso la industria legal no puede competir, y difícilmente podrá nunca.

  3. un_lector_más dice:

    Lo siento, Javier, pero no estoy de acuerdo. Si se hubiese dado salida al ebook te garantizo que el resultado hubiese sido distinto. Ahora la gente está enfadada, y todo sirve de excusa.
    Llevo 6 años usando eReaders. Al principio era imposible encontrar nada en digital, excepto los miles de PDF que ya rondaban desde hacía siglos.
    Cuando se empezó a vender el Kindle en España (aunque yo ya tenía un Papyre años antes) se pudo montar bien el sistema para dar salida al ebook. Pero no se quiso. Se pusieron trabas, y los pocos que iban saliendo lo hacían a 15€ aprox. Por no decir que como añadido venían con el “bendito” DRM, que en lugar de acercar al cliente, lo ha alejado.
    Lo han hecho todo mal. No aprendieron de la industria músical, y no aprenderán nunca.
    De modo que se empezaron a formar grupitos para preparar libros. Y hubiese estado bien si se compartiera con los cuatro conocidos de turno, pero se empezó a dejar acceso a todo cristo, sin importar si aportaban algo o no. Se dejó de respetar la novedad. Y se ha llegado a un punto en que todo tiene que aparecer cuanto antes. Ya no se trata de escanear aquello que no se reedita. Se trata de tenerlo todo, sin pararse a pensar si es justo o no.

    En España se ha pretendido parar la entrada del ebook para proteger la industria. Pero eso es imposible, primero porque no se puede obligar a nadie a actuar de un modo. Menos cuando paga con su dinero.
    Yo hago una pregunta a todos esos que se quejan de la aparición del ebook: ¿sigues escribiendo a tus amigos, o enviando documentos por correo ordinario si tienes posibilidad de usar e-mails? ¿Sigues escribiendo tus novelas a boli y papel, o incluso con la vieja máquina de escribir? Me juego el cuello a que el 99% te dice que no. Pues del mismo modo que los escritores encuentran más cómoda la tecnología, los lectores han encontrado en el ebook un buen aliado.
    La falta de transparencia a la hora de dar a conocer los márgenes con que se trabajan, es lo que ha propiciado la desconfianza de la gente. Ahora es cuando se empieza a contar a dónde va a parar cada euro de los 20€ que cuesta un título.
    En mi opinión se han cometido muchos errores, y el “público” se siente con derecho de castigar a la industria.
    Cada parte quiere tan solo ver lo suyo. Pero así no vamos a ninguna parte.

    Y no, no se puede parar. Entre mis amigos cuento con un programador que se rifan las empresas. El tío es un portento. Hace poco hablábamos de ello. Es imposible parar esto porque depende de la legislación del punto donde está alojada la página.
    La única posibilidad es que se conciencie el usuario por sí mismo. Ojo, pero no en esto si no en todo. Yo critico igualmente que se compre masivamente en comercios grandes y se deje la pequeña tienda de lado. Cualquiera que mire el panorama sabrá de los abusos de las grandes empresas…
    Esto solo se puede parar si los legisladores están por la labor.
    Pero me gustaría que la gente reflexionara, y viera que no siempre es necesario que tengamos a la “policía” detrás obligándonos a hacer lo correcto. La decisión es nuestra.

  4. UN_LECTOR_MÁS dice:

    @Pedro. Lo sé, y por eso he dicho en mis intervenciones (aquí y en otros posts) que es “imposible”. No hay intención de pararlo, como tampoco hay intención de para el fraude fiscal. Quien tiene medios no los pone.
    En mi caso, en el sector de la construcción, es el cliente quien pide que le quite IVA. Si no lo hago me quedo sin el trabajo. Lo sé precisamente porque me he negado en más del 50% de los casos, y el resto aguanto porque no me queda otra si quiero comer…
    Que persigan al cliente que me pide que le quite el IVA, verás como se acaba el problema… pero no hay intención.

    Del mismo modo, creo que en el acceso a las páginas si se filtraran las distintas IPs que dirigen a esos contenidos, se podría controlar.
    ¿Que entonces más de uno se dará de baja en su conexión? Pues entonces ya me ha demostrado para qué la quiere…

    Saludos!!!

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