Artículo de opinión, Mundo editorial

El editor, ese gran desconocido

Corren tiempos extraños en el mundo literario. Nuevos formatos y posibilidades han saltado a la palestra, cambiando muchas de las reglas del juego. Esos escritores que antes no veían una salida tradicional a sus manuscritos se encuentran con puertas abiertas que les dirigen por caminos distintos a los acostumbrados. Todo el mundo puede ahora publicar, nunca en toda la Historia había sido más fácil. Un arma de doble filo para el lector que empieza a afectar a personajes fundamentales. Y el editor es aquel a quien los dedos señalan como culpable de todos los males habidos y por haber. La imagen del editor parece que deriva hacia la de un individuo que se aprovecha de sus autores, pagándoles una miseria, para luego poco menos que estafar a los lectores con libros carísimos con los que se enriquece sin dar un palo al agua. Pero ya hemos visto en la serie de artículos “¿Son caros los libros?” que esto no es así (y quien todavía crea lo contrario solo tiene que fundar una nueva editorial). Hoy pretendo analizar un poco más a fondo la figura del editor tradicional.

Bueno sería primero definir qué es exactamente la edición. Se trata del proceso de poner a punto y adaptar un texto literario (llamado manuscrito), autoría de un escritor, a un soporte gracias al cuál pueda ser difundido, generalmente para su comercialización. El editor, por tanto, es el productor, el encargado de supervisar todas las tareas requeridas para que la obra original llegue al lector en unas condiciones dignas. Una labor antaño delicada, casi de cirujano, pero que, siendo justos, se ha mercantilizado acorde a los tiempos que vivimos. Pero centrémonos en describir el modus operandi ideal de esta profesión.

alt="Carlos Barral, editor de Seix Barral, javierpellicerescritor.com"

Carlos Barral, personificación de la figura del editor.

La primera tarea del editor es valorar el manuscrito inicial para saber si, bajo su en principio experto punto de vista, dicha obra puede interesar a un público suficientemente amplio para que invertir en ella resulte beneficioso. Para ello tendrá en cuenta varios factores, como la calidad literaria propiamente dicha de la obra, si la temática puede tener aceptación (las modas condicionan en muchas ocasiones lo que se publica) y si su producción es factible en término de costos. Además, algunas editoriales tienen en cuenta el género de la historia y si este coincide con su catálogo. Hay casas editoriales que solo producen novelas de terror, de ciencia ficción, narrativa contemporánea, novela histórica o ensayos de diversa índole. Para ello el editor puede contar con la colaboración de los llamados lectores editoriales, muy comunes sobre todo en las grandes casas, no tanto en las pequeñas. Tengamos una cosa clara: una editorial recibe cientos de manuscritos al mes. El editor y sus colaboradores deben elegir entre todos ellos, generalmente trabajos de autores desconocidos en busca de una oportunidad, y descartar a la mayoría. Cuando un autor que ha escrito su primera novela recibe un rechazo (o varios), y por ello empieza a despotricar contra las editoriales, debería tener en cuenta este aspecto. Nadie es perfecto, que se lo digan a Decca Records, la discográfica que rechazó a los Beatles.

Una vez aceptado el manuscrito y acordada su publicación mediante contrato con el autor, el editor tendrá que encargarse del proceso de producción propiamente dicho, esto es, vestir ese esqueleto inicial y darle la forma adecuada: convertirlo en libro. Para ello coordinará a un grupo de especialistas para que pulan cada aspecto mejorable: el corrector ortotipográfico se encargará de erradicar cualquier falta que se le haya escapado al autor, así como el corrector de estilo (que generalmente coincide con el anterior) cuidará que la narración cumpla las mínimas normas de estructura gramatical y normalización lingüistica propias del idioma (eliminar redunancias, cuidar las concordancias, etc…); el editor también tendrá que encargar la traducción de la obra si esta ha llegado a sus manos en otro idioma; y habrá de contratar a un maquetador para que adapte el texto al formato físico o digital en que saldrá publicado. En paralelo, un ilustrador o diseñador de portadas realizará la imagen de cubierta, uno de los pilares a la hora de captar compradores. La obra, después de las galeradas que revisará el autor, quedará lista para ser enviada a la imprenta, la cual realizará una primera tirada. De todos estos eslabones hablaré en futuros artículos.

alt="Caricatura de Cervantes, javierpellicerescritor.com"Pero las labores del editor no terminan cuando el libro es ya una realidad física. Los ejemplares deben llegar a las librerías, y para ello la editorial tendrá que alcanzar un acuerdo con una distribuidora (o varias), que se encargarán de la logística: transportar los ejemplares a las tiendas y realizar las devoluciones de los que no se hayan vendido. Estos procesos deben ser vigilados de cerca por el editor para asegurar su cumplimiento, quien además tendrá que preocuparse de promocionar la obra en pos de incentivar las ventas: difundirla a través de medios de comunicación, realizar presentaciones y firmas de libros con el autor, acudir a ferias del libro y tertulias literarias, etc… Ahora bien, aquí convendría realizar un apunte de sinceridad: hoy en día cada vez es más difícil encontrar una editorial que realice el marketing de una obra a un nivel decente. Las malas ventas y los escasos beneficios han llevado a que los editores dejen gradualmente la promoción en manos de los autores, generalmente noveles o con poco recorrido, lo que implica un empobrecimiento de la difusión por motivos obvios. Las inversiones en este aspecto se reservan para los grandes superventas quienes, en mi opinión, no lo necesitan, ya que tienen una fiel pléyade de seguidores. Pero esta es una reflexión personal.

Siguiendo con el proceso lógico, la siguiente tarea del editor será recabar las ventas y, transcurrido el plazo plasmado en el contrato, pagar al autor sus regalías, esto es, el tanto por ciento de las ventas que le corresponde por las ventas. En caso de que estas hubiesen sido un éxito, la editorial se plantearía una reedición, lo que obviamente no implicaría repetir todo el proceso por completo, dado que las tareas básicas de edición ya estarían realizadas. Pero si los libros no se venden, el editor tendrá que asumir las pérdidas como cualquier otro creador de productos.

Después de leer esto, debería quedar bastante claro que un editor no es un señor que simplemente se sienta en su despacho y decide a quién publica en función de criterios arbitrarios. Como vimos anteriormente, todas las indispensables tareas mencionadas tienen un precio considerable. Este debe ser abordado por la editorial, lo que supone una inversión de riesgo a tener muy en cuenta. Dicho de otro modo, el editor se juega su dinero (o el de la editorial, ya que especialmente en los grandes grupos el editor no es el dueño de estos, sino un empleado más), mientras que el autor solo arriesga la potestad de utilizar libremente su obra durante un tiempo determinado, porque en todo momento será dueño de los derechos de su obra. ¿Realmente resulta creíble que alguien que arriesga su capital lo hará a la ligera, basándose por ejemplo en peticiones de terceros que pretenden enchufar a su protegido? (Esta es una de las frases más utilizadas por los rechazados por una editorial: «para publicar tienes que tener un padrino»). Tal vez algún irresponsable lo haga, pero durará poco en el negocio. El buen editor debe creer en la obra a todos los niveles, sobre todo en el comercial.

alt="Cortázar y Vargas Llosa, javierpellicerescritor.com"

Sin editores como Barral, probablemente jamás habríamos conocido a autores como Cortázar o Vargas Llosa.

Porque, como en todo negocio, está obligado a buscar beneficios. Pero la realidad nos dice que estos no son fáciles de alcanzar. Conozco a editores que han hipotecado su patrimonio para abrir su pequeña editorial o mantenerla en tiempos de vacas flacas. Sé de otros (más de los que me gustaría) que no ganan para subsistir y tienen que pluriemplearse o simplemente cerrar. A otros les va relativamente bien, pero a costa de un esfuerzo constante y muchísimas horas de trabajo y sinsabores. Pondré un ejemplo de lo que para mí es compromiso por parte de un editor: cuando publiqué mi segunda novela, «Legados», mi editor insistió en acudir a mi sesión de firmas en la Feria del Libro de Madrid (a pesar de que él no es de la ciudad) y estar a mi lado durante las dos horas que duró la firma. Y sin que yo se lo pidiera.

Cierto, no todos los editores se comportan así. Otros son más fríos y se limitan a lo que marca el contrato. Algunos incluso tienen una mentalidad menos romántica y se apuntan a las modas, contribuyendo a un debilitamiento literario marcado por una sociedad que parece cada vez más inclinada a buscar lo rápido y lo fácil (si es que no ha sido así siempre, en el fondo). Pero incluso esta última actitud, por mucho que nos duela a quienes nos consideramos escritores enconados, es respetable, pues al fin y al cabo es su dinero el que arriesgan (siempre y cuando no ejerzan mala praxis).

alt="Libros, javierpellicerescritor.com"En mi opinión, el lector debería cambiar su visión de las editoriales y dejar de verlas como enemigos, cuando en realidad son su mejor aliado. Son quienes le ofrecen la oportunidad de acceder a obras que, de otro modo, jamás saldrían del ordenador del escritor. Ahora, con la autopublicación digital, esta premisa está cambiando, y las editoriales harían bien en tomar nota y empezar un proceso de reinvención y adaptación a los nuevos modelos (algunas ya están comenzando). Eso sí, respetando la esencia de la figura del editor (del buen editor, se entiende), quien siempre se me antojará imprescindible. «Larga vida a los editores», dijo Mario Vargas Llosa al recibir el Premio Antonio de Sancha el año pasado. Dejadme que lo imite tal vez en lo único que sea capaz: Larga vida a los editores.

Pero esta serie de artículos pretende mostrar todas las facetas relacionadas con el mundo literario, sin ocultaciones. Así que en la próxima entrada hablaré de aquellas «editoriales» que no merecen llamarse de tal modo, con un reportaje centrado en las estafas y malas prácticas del sector.

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¿Son caros los libros? (I)
¿Son caros los libros? (II)
¿Son caros los libros? Soluciones (III)

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30 thoughts on “El editor, ese gran desconocido

  1. Pingback: El editor, ese gran desconocido

  2. Retrato honesto del editor, aunque creo que hay aspectos criticables que se han quedado en el tintero (o en las que yo haría más hincapié), y es que la figura del editor parece haber evolucionado hacia un excesivo mercantilismo. Quizás forzado por una crisis en la que los márgenes de beneficios son cada vez más reducidos, quizás porque los consejos de administración ante los que responden les dejan cada vez menos espacios para empresas románticas, pero hay muy poco margen para los nuevos autores que vienen sólo avalados por sus obras. Casi todas las editoriales (grandes y también muchas pequeñas) prefieren apostar por nuevos escritores de relevancia mediática (desde el famosillo de turno hasta el cantante de moda o el periodista que tiene un rostro popular) que por escritores con verdaderas aptitudes para desarrollar una carrera literaria. Toman su primera novela, la revisten con algún premio literario y ponen a funcionar la maquinaria de marketing a ver si hay retorno. Luego te encuentras al nuevo autor mediático de turno que te suelta en un photocall de Sherlock Holmes que no tiene ni idea de quién es Conan Doyle. Menos mal que en Seix Barral a alguien le dio por publicar a Jesús Carrasco aunque no hubiera salido nunca en la tele.

    • Bueno, yo he mencionado algunas de esos nuevos defectos que comentas, David. Y en el próximo artículo me meteré de lleno con las malas prácticas de algunos que se dicen llamar editores.
      Sea como sea, coincido en los puntos que comentas sobre venderse al mercado, aunque insisto en que no hay que generalizar: eso solo ocurre en editoriales grandes, donde pueden permitirse esas prácticas. Y de esas hay pocas. Las medianas y pequeñas, bien porque no pueden permitírselo o bien porque no va con su filosofía, suelen apostar por autores en función de si la obra les enamora.
      En cuanto a los consejos de administración, olvídate de ellos: el 90 % de editoriales no saben ni lo que es eso, porque funcionan solo con un editor.

      Un abrazo y gracias por leer y comentar el artículo.

  3. felixmaocho dice:

    Como siempre, y por lo que me interesan tus post, la persona del editor vista desde la orilla que yo desconozco, la del escritor. Y además, (mi enhorabuena por ello), eludiendo los típicos tópicos que pesan sobre el editor, (chupasangres, vividores, avaro, etc etc.). Yo, desde la orilla de lector, veo al (buen) editor, o mas preciso a cada una de las colecciones de una editorial, como consejeros o prescritores de los lectores.

    Si escojo un libro de Alianza Editorial, Blume, National Gographic, Plaza y Janes o Seix y Barral, escojo un libro pensado para un determinado lector, por lo que, basta que el título me oriente sobre qué tema trate, para que pueda intuir la calidad literaria, lo cuidado de la edición, lo “denso” de la literatura etc. independientemente de que conozca o no al autor de la obra, A falta de un librero a la antigua que te oriente en tus compras y desgraciadamente cada vez son más raros, solo la colección te puede darye la orientación del tipo de texto que vas a comprar,

    Contrario al previo filtrado y normalización del editor, es la autoedición, ese nuevo fenómeno que ha aparecido, que permite que los autores se “salten” el filtro editorial. Supongamos y es mucho suponer, que el propio autor supliese, a correctores, maquetadores, ilustradores, etc es decir a toda la “cadena de producción” del libro y fuera capaz de colocar en el mercado un libro que tanto en su contenido, como en el continente tuviera calidad similar al producto salido de una editorial. pues aun así, le faltaría el sello editorial y todo lo que de garantía supone al lector..

    Puedes ver los libros de Bubok http://www.bubok.es/ o de Lulu http://www.lulu.com/es/ son gigantescas editoriales con ampíímo catálogo, Con toda seguridad. que entre tanto libro hay alguno magnífico quizá un libro de calidad similar a “Cien años de Soledad”, pero adentrarte en su catálogo sin tener un “soplo” que te perita conseguir un determinado libro, es como buscar una aguja en un pajar, hay que cribar miles de títulos sin interés, (al menos para ti), hasta llegar a un texto que te intrse,

    Consecuencia, en estos sitios cualquiera puede editar, (algo que v deslumbra a los autores noveles), pero en cambio nadie , (que no sea mediático, o tenga una suerte loca), venderá, (o lo que es mas tiste, le leeran aun que sean gratuitos los libros), porque el lector huye abrumado de la frustrante experiencia de buscar algo en ellos.

    En mi opinión la profesión de editor esta en un momento de cambio convulso, Quizá, (no estoy seguro), la autoedición y la edición bajo demanda acaben con lo que ha caracterizado la labor del editor, ser el “productor” del libro, pero no ha acabado con su labor secundaria,( ¿o es la principal?), de actuar de “marchamo de calidad” y “somelier literario” de textos para ofrecerlos a los posibles lectores y esa labor, alguien la tendrá que seguir haciendo en el futuro, lo que no se es quien pagará y como se pagará ese trabajo profesional, quizá no sea con una comisión por libro comprado, sino por otro concepto, quizá su trabajo se parezca más en el futuro al de los críticos literarios, sinceramente no lo se.

    Como lector también deseo ¡Larga vida a los editores, o al alias que su profesión adquieran en el futuro!

    • Comulgo con la mayoría de tus reflexiones. En cuanto al futuro, resulta complicado tratar de adelantarse a él. Tal vez acabe imponiéndose mayoritariamente la autopublicación y los editores devengan en editores freelance, quién sabe. Sea como sea, no me cabe duda de que las tareas que hoy realiza un editor tienen que ser asumidas por alguien, o de otro modo no podremos dar a los lectores aquello que merecen: obras dignas de ser leídas.

  4. Javier, muchas gracias por defender la figura del editor, cuya función, riesgo y esfuerzo son bien desconocidos para el público en general. Por supuesto, como en todas la profesiones, los hay mejores y peores, pero la mayoría (aunque no sean los más conocidos) ponen todo su empeño en publicar buenos libros para sus lectores e impulsar a los autores. Al fin y al cabo es de eso de lo que viven, o pretenden vivir.
    Un abrazo.

    • Por desgracia, la gente tiende a generalizar hacia el lado negativo, y piensan que todos los editores responden al (falso) arquetipo de un tipo ávaro, un tiburón que se aprovecha de sus autores y sus lectores para enriquecerse. Da igual que les asegures que la mayoría de editores apenas llegan a final de mes, da igual que les des datos objetivos sobre lo que cuesta producir un libro y el beneficio que se lleva el editor (como hice en los artículos pasados), siguen pensando que todas las editoriales son como las muy grandes y nadan en la abundancia. Lo que no acabo de entender es por qué, si están tan convencidos de que los editores se forran, no abren sus propias editoriales.
      Un abrazo.

  5. felixmaocho dice:

    Lo mismo pasa con todos los intermediarios, Por ejemplo la gente está convencida que los Hipermercados abusan de los agricultores, que pagan 1 y sin ningún motivo venden a 10. Si crees que es así, pon una tienda. compra a 2 y vende a 7, tu te forras igualmente aunque un poco más despacio y todos quedaremos eternamente agradecidos.

  6. Este debate ya empieza mal por un problema de lenguaje. En inglés existe el publihser y el editor que son dos trabajos diferentes, uno es el que pone la pasta y el otro es el que hace el trabajo de editor. Aquí a todo le llamamos igual y esto genera confusión. deberíamos diferenciar entre publicar y editar, por que no todas las editoriales editan ni todos los escritores cuelgan sus manuscritos sin editar.

    Decís que la mayoría de editoriales hacen bien su trabajo, pero lo cierto es que la mayoría de las editoriales no publican la mayoría de los libros. Por tanto, basta con que un par de las grandes hagan mal su trabajo para que ya tengamos la mayoría de los libros mal editados. Decir que es difícil que un escritor pueda hacerse él mismo todos los trabajos necesarios para la correcta edición es demagogia, ni que fuera el editor el que se pone a maquetar los libros. Él encarga las tareas a un profesional de la misma manera en que lo puede hacer el escritor. simplemente debemos empezar a diferenciar los libros auto publicados de los autoeditados.

    Hacer la corrección de estilo, la maquetación, el diseño y la impresión de un libro de 250 páginas, 2000 ejemplares, no puede costar más de 5000 euros y me consta que muchas editoriales pagan unos precios mucho menores que los que pago yo a los profesionales. Cuando firmas para una editorial pierdes los derechos sobre tu libro, diga lo que diga el artículo si yo he cedido los derechos es que no los tengo. Si un escritor hace una copia de su libro y lo vende está cometiendo un delito igual que cualquier otra persona, es decir, el libro no es suyo. Decir que el editor pone más que el escritor es valorar el trabajo de escribir una novela por debajo de esos 5000 euros, seguro que dividiéndolo por horas no te sale ni lo que cobra un camarero.

    Quizás hay buenos editores, pero también los hay de malos. Cuando acabas una novela, quieres publicarla y no conoces el mundo editorial, mandar manuscritos indiscriminadamente es como jugar a la ruleta rusa.

    Yo me he autoeditado mis novelas. Mi correctora de estilo es catedrática de literatura comparada en la universidad de Antioquía, el diseñador y maquetador, saca una media de 13 libros al año y es premio nacional de Cataluña para diseñadores menores de 30 años. No creo que ninguna editorial vaya a hacerlo mejor que yo, ni ha ponerle más ganas, con la diferencia de que la imagen gráfica es la mía y no la de una empresa.

    Seguro que vendo muchos menos libros que en una editorial pero como me lo quedo todo, vivo de mis novelas, cosa que pocos escritores pueden decir. Tengo que reconocer que a veces no llego a fin de mes y tengo que salir a venderla. me voy al tren a charlar con la gente que lee y a explicarles mi proyecto y muchos me las compran. Este contacto directo con el lector me ha enseñado muchas cosas. Una de ellas es que ni siquiera una de cada diez personas con las que hablo saben de que editorial es el libro que están leyendo, y si no me creéis os reto a que vayáis al tren y hagáis vosotros mismos la prueba.

    Me hace mucha gracia esta defensa a ultranza de la figura del editor por parte de algunos escritores, me suena a síndrome de Estocolmo. Seguro que hay editores buenos, igual que ha habido reyes buenos, pero lo que es malo en sí no son las personas si no la figura y el funcionamiento de la industria. De la literatura viven profesionalmente miles de personas, desde editores hasta los dependientes del FNAC, pasando por transportistas, impresores, distribuídoras, etc, todos menos los escritores que son los únicos imprescindibles. Que las editoriales solucionen este problema y entonces hablamos de si son necesarias o no.

    • Comenzaré por el final, Vicente. Yo no defiendo a ultranza a las editoriales, y si crees eso es que no has leído el artículo o solo has leído lo que te parecía no rompía tu modo de ver las cosas. A lo largo del artículo (que te invito a volver a leer más detenidamente) he enfatizado en algunas malas prácticas realizadas en el mundo editorial. Pero este artículo está dedicado a describir y opinar acerca de lo que se considera un buen editor. De las malas prácticas, como anuncio al final del artículo, hablaré en el siguiente. Y no te preocupes, diré las cosas claras.

      De la autopublicación y/o autoedición también tengo pensado hablar. Pero ya te adelanto que mi opinión también es muy clara: cuando el autor autopublicado asume las tareas propias del editor, de forma competente, e invierte en que su obra llegue al público de la manera más profesional posible, LA AUTOPUBLICACIÓN ME PARECE MAGNÍFICA. No tengo nada en contra de ella si se hace como corresponde.

      “Hacer la corrección de estilo, la maquetación, el diseño y la impresión de un libro de 250 páginas, 2000 ejemplares, no puede costar más de 5000 euros”, dices. Te olvidas de la portada y de la traducción si la obra lo requiere. De los precios en la PUBLICACIÓN TRADICIONAL EN PAPEL ya hablé la semana pasada, con datos objetivos recabados a conciencia. De nuevo te animo a que leas el artículo ¿SON CAROS LOS LIBROS? (https://javierpellicerescritor.com/2014/03/04/son-caros-los-libros-i/), así como los dos siguientes en que se hablaba de soluciones para abaratar el precio de los libros en papel.

      “Decir que es difícil que un escritor pueda hacerse él mismo todos los trabajos necesarios para la correcta edición es demagogia, ni que fuera el editor el que se pone a maquetar los libros”. No he dicho que sea imposible (algunos lo hacen y lo hacen muy bien), digo y reitero que es difícil. Parece que olvidas que no todos los autores pueden permitirse pagar a esos profesionales, al igual que no todos los editores. Sí, hay editores que realizan todas esas tareas porque no tienen para pagar a correctores y maquetadores. Una vez más, generalizáis basándoos en el ejemplo de las grandes super editoriales, que aunque efectivamente editen una gran parte de las novedades literarias, no son todo el mercado. SON LA EXCEPCIÓN, NO LA NORMA.

      Y en cuanto al problema de lenguaje, no considero que sea tal. Conozco muy bien cómo se plantea la edición y la publicación en otros países, pero no vivimos en otros países. Vivimos en España (al menos yo), y mi artículo va sobre el panorama literario y editorial nacional. Aquí, el editor y el que publica es el mismo, y ha sido así desde hace décadas. Salvo, una vez más, en las grandes editoriales, donde en efecto el editor puede ser un empleado más, y no quien pone el dinero. Pero ya he dicho y repito que estos son la excepción, no la norma.

      Para concluir, la verdad es que no entiendo muy bien estas reacciones tan agresivas contra lo que debería ser de pensamiento unánime: el trabajo de edición es y siempre será imprescindible, lo haga quien lo haga. La intención de estos artículos no es defender a un colectivo por encima del otro, aunque muchos así parecen verlo, sino mostrar las virtudes y carencias de cada uno de ellos. En la próxima entrada hablaré de las malas prácticas editoriales, y en las siguientes de las ventajas (y las desventajas) de las autopublicaciones, autoediciones y el ebook digital. Lo que no me parece de sentido común es que se formen bandos tan enfrascados en la defensa de su elección para publicar que no quieran ver que toda opción tiene su parte buena y su parte mala.

  7. Lo he vuelto a leer y sigue pareciéndome una defensa de la figura del editor y la editorial tradicional. Das una imagen general del mundo editorial haciendo media con el numero de editores y no con los libros editados. No tengo datos reales pero apostaría a que entre las tres editoriales más grandes sacan más libros que el resto de editoriales juntas. Si quieres hacerte una idea del mundo editorial tienes que coger el grueso del negocio.
    Pero en lo que yo expongo es irrelevante si el editor es bueno o es malo, por que es el negocio en sí que es perverso. Es toda la industria la que vampiriza el trabajo del escritor, y el editor la cabeza más visible de ésta. No estoy hablando de que sean gente malvada, ni nada por el estilo, es del funcionamiento de lo que me quejo.
    En el artículo sobre el precio de los libros hablas de la mucha gente que trabaja para que los lectores puedan leer, todos, mejor o peor, van a cobrar y van a vivir de ello, menos el más importante, el único imprescindible realmente, el escritor. Su trabajo es aparentemente el más valorado pero en la práctica es el que menos, y para prueba tus palabras: ‘Dicho de otro modo, el editor se juega su dinero, mientras que el autor solo arriesga la potestad de utilizar libremente su obra durante un tiempo determinado, porque en todo momento será dueño de los derechos de su obra’, simplificando, el editor pone el dinero y el escritor solo la obra, como si fuera poco, y no es verdad que mantenga los derechos ya que no puede hacer uso de ellos durante como mínimo 5 años, pero lo normal es más.
    Un escritor que venda 10 000 libros produce una cadena de valor de 200 000 euros, y no puede vivir solo de escribir. Imagina un escritor con una tirada media de 1300 ejemplares.
    Los intereses de una editorial no tienen por que coincidir con los del escritor, lo normal es que lo hagan, los dos quieren vender novelas, pero conozco unos cuantos casos en que no fue así.
    Luego están las distribuidoras se quedan el 50% del precio como mínimo, y la verdad, con todo el movimiento de libros de ida y vuelta y vuelta a ir, casi que me parece que cobran poco. Los libros llegan a la librería están entre 15 días y un mes y vuelven, si en un par de meses la novela no funciona, fiuuu, pasta de papel.
    También está la falta de control del escritor sobre sus ventas, donde solo hay la palabra del editor, mejor que sea de fiar. No hay mecanismos fiables para auditar tus propias ventas.
    Tal como están las cosas son muy pocas las editoriales que se la juegan a sacar libros de autores noveles, y ante el desconocimiento del autor la posibilidad de caer en una de esas editoriales timo de las que me imagino hablarás en tu próxima entrada es muy alta.
    A mi modo de ver son demasiadas cosas en contra para decidir trabajar con una editorial tradicional. La única cosa para la que me gustaría una editorial es por la promoción y ya lo has dicho tú, si no eres muy famoso lo normal es ‘búscate la vida’.
    La necesidad que tenemos los escritores de ser leídos hace que traguemos con unas condiciones que no tragaría nadie. Dile al dependiente del FNAC que solo cobrará si vende, a ver que te dice. Como ha sido así, seguramente, durante los últimos 500 años, lo vemos normal pero no lo es.
    A veces alguien me pide consejo y siempre digo lo mismo, si tú no confías lo suficiente en tu novela como para arriesgar 5000 euros que te hace pensar que otro lo hará. Y si no los tienes hay otras maneras más lentas pero más seguras de hacerlo.
    Perdona mi vehemencia en este tema, es que ya llevo un par de años luchando, y no me refiero a discutir, si no a levantarse cada día a trabajar para sacar mis novelas adelante y que me den de comer, y el tema me toca muy de cerca, pero en ningún caso existe ningún tipo de animadversión, muy por el contrario agradezco el trabajo de escribir blogs como este.

    • “Es toda la industria la que vampiriza el trabajo del escritor”. En todo el tiempo que llevo discutiendo sobre el tema, es la afirmación más exagerada que he leído jamás. ¿Es vampirizar asumir el riesgo de gastarte más de un millón de las antiguas pesetas en sacar la obra de un autor? Tenemos conceptos distintos de lo que es vampirizar. Yo soy escritor, y no me siento estafado por cobrar un 10% de las ventas, porque resulta que eso es más o menos lo que se lleva el editor también, una vez descontamos todos los gastos derivados de la edición y publicación del libro. Revisa mis cuentas, están avaladas. Resulta que según estos datos objetivos, el autor viene a cobrar más o menos lo mismo que cualquier otro eslabón de la cadena. Y aunque es cierto que su obra es básica para que el resto tenga su sueldo, también el trabajo de todos estos intermediarios tan vilipendiados es necesario para que su novela llegue al lector. Así que aquí nadie vampiriza a nadie, se trata de una cadena y la labor de todos es necesaria. Si te cargas a un intermediario, el libro no llega al lector, a no ser que sus tareas las asuma otro eslabón de la cadena. Pero al final es lo mismo.

      Mantiene los derechos de propiedad intelectual, pero por supuesto no los de explotación comercial. Estaría bueno, ¿no? Que una editorial realice un desembolso para editar y publicar un libro y el autor, por su cuenta, sacara la novela, por ejemplo, en Amazon, perjudicando la venta e inversión de los ejemplares publicados por la editorial. ¿Te parece lógico? A mí me parecería una insensatez por parte de la editorial. ¿Que cinco, seis o siete años son muchos? Estamos de acuerdo en ello, yo abogaría por unos tres o cuatro años, pero seguro que también te parecerá excesivo. El motivo de que se haga esto es comprensible: las editoriales tienen que asegurar la inversión por si resulta que el libro es un exitazo, para que no haya fuga del escritor a una editorial más potente.

      Los distribuidores se llevan una gran parte del pastel, alrededor de un 30-40 %, en efecto, pero a cambio tienen unos gastos importantes: mantener una flota de vehículos no es barato, ni pagar el combustible ni a los transportistas, secretarias, oficinas, etc… Parece que nos olvidamos de todo ello. No las voy a defender mucho más porque en algunos casos sus prácticas rozan los comportamientos mafiosos. Algún día hablaré sobre ello.

      “Los libros llegan a la librería están entre 15 días y un mes y vuelven, si en un par de meses la novela no funciona, fiuuu, pasta de papel”. Esa es una verdad como un templo, pero la culpa es del tremendo ritmo de publicación en nuestro país, algo que me parece una aberración. Paradójicamente, si este ritmo se redujera, los autores noveles y desconocidos todavía tendrían menos oportunidades de publicar. Sea como sea, cuando un libro funciona medianamente bien, estos tiempos se alargan bastante. Mi novela “El espíritu del lince” cumple hoy dos años, y hace un par de semanas un lector me dijo que la había comprado en una gran librería de Bilbao. Aunque insisto en que no es lo normal.

      “Si tú no confías lo suficiente en tu novela como para arriesgar 5000 euros que te hace pensar que otro lo hará”. Me parece un pensamiento loable, de verdad te lo digo, pero no todo es tan sencillo. Como bien apuntas, la mayoría de gente no dispone de esa cantidad, o son jóvenes e inexpertos en este mundillo y no sabrían qué pasos dar para autopublicarse, o no están capacitados para realizar las tareas de un editor (mencionadas en este artículo). No todo el mundo vale para eso. Yo soy escritor, no sirvo para organizar todo ese tinglado.
      A mí me parece perfecto que algunos decidáis seguir ese camino, pero piénsalo bien: estás actuando como un editor. ¡ERES TU PROPIA EDITORIAL! Ergo no tiene mucho sentido criticar el trabajo editorial, estaremos pues de acuerdo en que la edición es necesaria, la haga quien la haga. Y si tú estás realizando esta inversión tan grande por tu obra, ¿cómo es posible que no sientas empatía por los editores que se gastan ese dinero publicando a otros autores? Hacen lo mismo que tú, pero es que encima arriesgan su dinero por la obra DE OTRO. Joder, a mí eso me parece muy valiente. Porque que uno arriesgue por sí mismo es sinónimo de confianza, pero que lo haga otro, es sinónimo de que realmente tu obra tiene algo que convence a más personas. ¿Que el problema son las condiciones contractuales? Se podrían mejorar ciertos flecos, pero de los dos contratos que he firmado en solitario, no me parecen condiciones exageradas a cambio de lo que he recibido: que mi obra llegue al público sin tener que arriesgar un solo euro, y sobre todo sin tener que preocuparme de tareas para las que no estoy capacitado.

      No hay nada que perdonar, Vicente. Entiendo en todo momento que no hay mala fe. Pero yo soy de los que suele ponerse en el lugar de todas las partes. Como he dicho, la autopublicación me merece un profundo respeto cuando se hace bien hecha, profesionalmente, asumiendo todo lo que hay detrás de la publicación de un libro (sea en papel o digital). Sin embargo, me encuentro a menudo con gente que se empeña en descalificar mi decisión de publicar tradicionalmente en base a argumentos que no son reales. Muchos de ellos vienen del ámbito de la autopublicación, y esgrimen argumentos de ataque contra las editoriales, tildándolas de empresas tiranas y que engañan a los autores (con lo que nos llaman a la vez idiotas o vendidos). Curiosamente, a la mayoría les falta el aire para aceptar los contratos que las editoriales les ofrecen cuando, por lo que sea, empiezan a destacar (no digo que sea tu caso, me da que tus convicciones están bien arraigadas).

      Mi consejo, pues, es que usemos más la empatía y nos pongamos en la piel de aquellos que creemos se equivocan. Y que no despreciemos los datos objetivos que nos dan en base a prejuicios, que tengamos la mente más abierta y estemos dispuestos a aceptar que tal vez las cosas no siempre son como creemos que son, que hay matices.

      Ánimo con tu camino, espero que te vaya muy bien.

  8. Parece que estamos de acuerdo en los hechos solo que los juzgamos de forma muy diferente. No me voy a meter en lo que tu consideras justo y equitativo, cada uno tiene sus varemos. Te podría explicar como creo yo que se deberían hacer las cosas para que entendieras que pueden hacerse de otras maneras, pero, hoy por hoy, solo estaría lanzando especulaciones vacuas sin hechos que las sustenten. Con un poco de suerte y si todo va bien en un par de años podremos volver a tener esta conversación y te podré demostrar que es posible otro tipo de editorial, o no.

    • Un apunte: como digo en el artículo, pienso que las editoriales tienen que empezar seriamente a cambiar el chip y adecuarse a las nuevas circunstancias. Por tanto, coincido contigo en que hace falta otro tipo de editorial, o más bien, en que el sistema tiene que evolucionar acorde a los tiempos que corren. Pero no te equivoques: cambie lo que cambie, el modelo que se implante seguirá teniendo fallos, porque no hay sistema perfecto. Siempre existirá una posición de poder y otra que tendrá que ceder más. Es la naturaleza humana.

  9. Pingback: El editor, ese gran desconocido

  10. Eduardo dice:

    Un apunte: todo editor tiene sus claros y oscuros, algo que he echado en falta en el artículo.

    Por ejemplo, tu editor de “Legados” debe dinero a muchos autores.

    ¿Acertó al acompañarte? Claro.

    Pero lo otro está feo.

    Está bien defender a los editores, pero siguen siendo personas, y los habrá malos y los habrá buenos. Y grises que pueden convertirse en malos. E incluso autores que intentan que estos grises sean buenos…

    • En primer lugar, poco me conoces y menos aún esta web si dices que mi interés es convertir los grises de los editores en buenos. En mis artículos pongo en evidencia lo positivo de las editoriales tanto como lo malo, como puedes comprobar si lees todas las entradas dedicadas al mundo editorial. Otra cosa es que a ti no te parezca bien que hable positivamente de Ediciones Holocubierta. Lo que hayan hecho con otros autores, no puedo decirlo porque no lo sé (aunque curiosamente es la primera vez que oigo hablar mal de su trato con los autores, y mantengo contacto con unos cuantos). Mis artículos, como buenos artículos de opinión, se basan en mi experiencia personal y la información que llega a mis oídos. Y el trato que Holocubierta ha tenido conmigo ha sido, hasta el momento, ejemplar. En cuanto a si pagan o no a sus autores, te lo diré en junio, cuando me toca cobrar. Algo me dice que no voy a tener problemas.
      En todo caso, si los tuviera, no lo airearía con acusaciones vagas y sin fundamento (por no mostrar pruebas), sino donde corresponde, mediante la denuncia correspondiente por incumplimiento de contrato. Y en caso de ganar la denuncia, entonces sí, decir en público lo ocurrido. Me parece que un comentario en una web no es el mejor lugar para cargar contra la honorabilidad de otra persona, no sin pruebas.

      Saludos.

  11. Eduardo dice:

    Por partes:

    Yo no tengo que conocer al autor de una web y/o blog para poder opinar sobre sus entradas. Puedo opinar con mejor o peor fundamento, pero no tengo que conocerte. Eso es de cajón.

    Lo de los grises convertidos en blancos, lo han afirmado también otros en otros comentarios con otras palabras. No es sólo cosa mía. Siento que te haya molestado que se te critique negativamente el artículo, pero es lo que veo: mucho “guay” y poca crítica.

    Hablo de esta entrada, no de otros. En esta estoy comentando. No en otras.

    Lo de Holocubierta es un ejemplo sacado por ti. Si no lo hubieras mencionado, pues quizá ni siquiera habría comentado. Pero me ha parecido un buen ejemplo para señalar que mucho “guay” y poca crítica veo en esta entrada.

    Ojo, yo no he dicho que traten mal a otros autores sino que les deben dinero. Y para contrastarlo, sólo tienes que preguntar. Si conoces a unos cuantos, seguro que te lo dirán con mucho gusto (porque ya lo van diciendo por ahí, de todos modos).

    Me alegra que no vayas a tener problemas en cobrar en junio.
    ¿Has cobrado “Crónicas de la Marca del Este”?

    Es evidente que tus artículos se basan en tu opinión personal. Y esa, hacia esta editorial y este editor son buenas. Seguro que tus compañeros que llevan años esperando cobrar, no tienen esa misma forma de ver las cosas. De ahí que haya saltado especialmente al nombrar a Holocubierta. Me ha parecido curioso que los pongas de buen ejemplo cuando deben dinero.

    Y sí, ahora te traigo pruebas… ¿qué pruebas de que deben dinero quieres que te traiga en un comentario de una web? ¿Papeles? ¿Documentos?
    Pregunta a tus compañeros.
    A todos.
    Y luego ya si eso hablamos de pruebas. Porque esa es la mejor.

    Y sobre denuncias por incumplimiento de contrato, me extraña que digas algo así después de artículos y artículos sobre literatura, clausulas abusivas, mundillo editorial, etc, etc. A veces hace más daño que los autores vayan anunciando por todas partes el comportamiento de una editorial, que no ir a un juicio por 20, 40, 60, 80 euros… que se te irán en abogados, claro.

    En este caso, ni siquiera lo está denunciando un autor. Demasiado callados están.
    Repito, pregúntales.
    Pero también es cierto que al haberse portado estupendamente contigo, no vas a decir nada.
    Una pena.

    Saludos.

    • Nunca he dicho que tengas que conocerme personalmente para opinar en mi web. Parece que no has entendido la frase, y sobre todo el “si” condicionante: “poco me conoces y menos aún esta web si dices que mi interés es convertir los grises de los editores en buenos”. Lo que quiero decir con esta frase es que me acusas de convertir los grises de los editores en buenos sin tener en cuenta mis otras entradas. Porque claro, te basas en esta, que obviamente es un artículo de defensa de la figura del editor (del buen editor). Dicho de otro modo: este artículo está escrito para describir lo positivo de los editores y editoriales. Porque para hablar de lo malo, hay otros artículos. Tú me juzgas (a mí o a mis intenciones) solo por un artículo concreto con una línea concreta, lo que es una visión sesgada e interesada por tu parte para llevar a tu terreno lo que sospecho es un malestar con Holocubierta.
      Malestar que considero que deberías airear en tu propia web (aunque como ves no me importa que lo hagas por aquí, o no te habría aprobado el comentario) tras la denuncia correspondiente si ha lugar, y después de ganarla. Porque despotricar contra alguien sin una sentencia firme o algún tipo de prueba (la puedes dar en tu blog, web o red social, no necesariamente aquí; cuelgas el enlace y lo vemos todos) me parece de poca credibilidad. Y además te puede valer una querella (ojo, no es una amenaza, pero ya lo he visto antes). Asegúrate de tener pruebas antes de acusar a nadie dando su nombre.
      Como dices y también he dicho antes yo, es un artículo de opinión y la mía sobre Holocubierta, hasta la fecha, es buena. A mí no me debe nada, salvo la liquidación de “Legados” que todavía no ha cumplido la fecha. Y no te preocupes, que si no me pagan, tomaré las medidas que correspondan a la situación, que es lo que todos los que se quejan de no cobrar tendrían que hacer, o si no estáis ayudando a perpetuar una estafa. Porque si llevas razón, y ganas un juicio, todo eso que se te ha ido en abogados lo recuperarás, junto con lo que se te adeudaba.

      En fin, no voy a entrar más al trapo en este ataque contra Holocubierta. Si la editorial cree que debe defenderse, que lo haga. Y si vosotros, o quien sea, cree que ha incumplido con algo, pues denunciadlo, que así es como se hacen las cosas en los casos concretos.

  12. Eduardo dice:

    Por partes:

    Yo no te juzgo, en todo caso, juzgaría el artículo.
    Y sí, es evidente que no te conozco de forma personal, y como no te conozco de forma personal, te lo aclaro.
    Y ya de paso, pues aclaro que para saber ver grises en un artículo, no hace falta conocer a quien lo escribe. Igual es que no nos hemos entendido ninguno, ¿eh?

    Si debo tener en cuenta otras entradas para opinar sobre esta, es que algo falla con ellas. Yo diría que no, que están muy bien hechas por separado tratando temas que se tocan. Repito, siento la crítica a tu artículo, pero es lo que hay, se pueden lanzar alabanzas y críticas.
    Afortunadamente para mi cordura, no he sido el único en lanzarlas.

    Por otro lado, si un editor es bueno… no necesita defensa. Eso es algo, como mínimo, redundante. Su trabajo lo defiende. Está bien defender la figura del editor, claro, pero de ahí a esconder el lado malo, que también lo hay… pues tampoco, amigo, tampoco.
    Y menos cuando en este caso pones el ejemplo de un editor que debe dinero, te guste o no.

    Por otra parte, me da que que intentas proyectar un malestar sobre mí que tienes tú con respecto a mis comentarios sobre Holocubierta. Pero tranquilo, vuelvo a repetir; si no pones el ejemplo de un editor que sé que debe dinero, me callo. Así de simple.
    ¿Tú te callarías si en un artículo sobre buenos políticos nombrasen a alguno que robase?
    Igual sí, igual no. Me gustaría creer que no, que no te callarías. Y en este caso, el ejemplo pues es… chungo, por decirlo de un modo llano. Chungo porque contigo se ha portado bien, pero no con otros autores, compañeros y amigos tuyos.
    Ergo, no, no es un buen editor… al menos, a medias.

    Esto no viene de que yo tenga un malestar con Holocubierta porque yo no soy autor de Holocubierta. Es el malestar de que se nombre como buen editor a alguien que debe dinero.
    Puedo decirlo más alto, pero no más claro, lo siento.

    Hablas otra vez de pruebas, y te remito a tus COMPAÑEROS. ¿Qué enlace voy a colgar?
    ¿Una conversación privada entre autores de la editorial?
    ¿Comentarios de los autores en sus muros de Facebook?
    Que sí, que para desviar el tema eso de pedir pruebas mola, pero… Lo dicho, ahí siguen tus compañeros. Sin cobrar. Y me da que alguno, efectivamente, se va a querellar.
    Supongo que cuando pase, seguirás defendiéndolos. Y pidiendo pruebas.

    Entiendo por lo que dices, aunque no contestes directamente, que has cobrado por “Crónicas de la Marca del Este”. Gran noticia para tus compañeros que no lo han hecho, así podrán citarte como testigo (en caso de que se celebre un juicio por 20, 40, 60, 80 euros, claro).

    Al menos, me alegra que mis comentarios no sean borrados.
    No me alegra que se defiendan a editores que no pagan.

    Saludos.

  13. Eduardo dice:

    Por cierto, y acabo, sobre perpetuar estafas…

    En todo caso, estás poniendo de tu parte, porque si sabes que tus compañeros no están cobrando y encima defiendes al editor que no cobra, y además publicas con él…
    ¿En qué posición estás?

    En contra de la estafa no demasiado, ¿no?

    No sabía yo que en el mundillo literario había esa especia de extraño compañerismo. Pero bueno… es respetable.

    Supongo.

  14. Eduardo dice:

    En todo caso, estás poniendo de tu parte, porque si sabes que tus compañeros no están cobrando y encima defiendes al editor que no cobra, y además publicas con él…

    Editor que no paga, con perdón.

    • Y dale con la perra gorda… Repito: cuando escribí este artículo no tenía ni idea de que a mis compañeros no les habían pagado. A mí sí, ya te lo he dicho, que no me debían nada. Más claro agua (a no ser que tú quieras enturbiarla). Si algún compañero me hubiera dicho “oye, que a mí no me han pagado, ¿tú sabes algo?”, entonces habría estado sobre aviso y las cosas habrían sido distintas para todos.

  15. Estimado Eduardo,

    Te agradecemos que veles por los legítimos intereses de los autores de las Crónicas y, efectivamente, hay un retraso en el pago. Este retraso no ha sido, en modo alguno, intencionado por parte de nuestra empresa ya que para nosotros un pilar fundamental es que todos los involucrados en el desarrollo de un proyecto cobren antes incluso que nosotros mismos (que, de hecho, no cobramos un duro por publicar… pero nada de nada, todo revierte en la editorial).

    Nos hemos vuelto a poner en contacto con los autores de las Crónicas para ver cómo podemos arreglar este asunto cuanto antes, ya que de fondo tiene una causa que, si bien no es excusa para que una persona no cobre lo que por derecho es suyo, si que ha sido el detonante de este retraso.

    Por supuesto lamentamos profundamente el retraso ya que, insisto, para nosotros es muy importante (lo más importante) que los autores cobren. Dicho esto, quiero que sepas que nos hemos puesto en marcha de nuevo para solventar este retraso con la mayor brevedad posible.

    Un saludo,

    Ismael de Felipe Galván
    Holocubierta Ediciones.

  16. Eduardo dice:

    Holocubierta, ya me alegro, y un montón, que todo se haya solucionado. Es una pena que con tanto retraso pero bueno, queda el consuelo de que podría no haberse pagado a nadie nunca.

    Javier, llevo desde los primeros comentarios remitiéndote a tus compañeros para que les preguntes. Tus contestaciones han sido evasivas mezcladas con un repetido intento de que te muestre pruebas… que te podrían haber dado tus compañeros. Yo entiendo que el que venga alguien desconocido a decirte en tus comentarios una verdad incómoda no te guste, pero eso coges, te vas a tus compañeros, les preguntas y los comentarios entonces hubieran ido en otra dirección en vez de pedir pruebas como si estuviéramos en una película de juicios.

    Por cierto, pruebas que la misma editorial te acaba de dar al admitir que se han retrasado con los pagos. Y no han hecho falta abogados de por medio.

    Y sobre perras gordas, pues los dos les hemos dado, la verdad.

    Me alegro que al menos la mía pueda haber servido de ayuda para que los escritores vayan a cobrar cuanto antes.

    Gracias a la editorial por atender mi crítica.
    Y gracias al autor de la página por no borrarme los comentarios. Debo admitir que no todos hubieran respondido así.

    Saludos.

    • Es el que acusa el que debe dar pruebas de culpabilidad, no el que se defiende. Al menos en un país donde se presupone la inocencia.

      PD: Buen intento lo de cambiar la IP, pero sigue señalando la misma ubicación. 😉

  17. Eduardo dice:

    Ahí tienes las pruebas. Dadas por la editorial. Pero no insisto, que eres capaz de continuar jurando que tus compañeros están todos a gusto.

    Chungo, porque ni he cambiado la IP ni lo he intentado.
    Y si tenemos en cuenta que eso hoy día no significa nada… Pero yo mismo te puedo decir desde donde comento.

    Eso sí, cuando uno empieza a buscar IP´s es porque anda picadete. Mi consejo es que te alegres porque tus compañeros van a cobrar, que todavía no te lo he visto, con todos mis respetos. Al fin y al cabo, era el objetivo de esto: que el autor cobre.

    Saludos.

    • Sí, dadas por la editorial, no por ti, que acusabas. Por cierto, yo nunca he jurado que mis compañeros estaban a gusto, solo que a mí no me han transmitido ningún malestar. Pero lo he repetido ya tanto que no volveré a hacerlo.

      Curioso que digas que no has cambiado tu IP, cuando todos tus comentarios previos mostraban una distinta a la de tu último comentario, justo después de comentar por Facebook que te había rastreado la IP. No hace falta que me digas desde dónde comentas, que ya lo sé, amigo malagueño. Más bien sería un detalle que dieras la cara y dijeras quién eres, una identidad (verdadera, claro, no uno de tus nicks falsos que sueles crear y que no engañan a nadie), que es lo mínimo que se le exige a quien acusa tan gravemente. Aunque bueno, a mí no me hace falta, que sé quién eres, Ton… digooo, “Eduardo”.

      La expresión de mi alegría es algo que los que me conocen y me aprecian saben que es natural en mí. No espero que lo entiendas.

      Bien, para que esta conversación no se convierta en una guerra absurda, la doy por finiquitada. Has expuesto lo que has deseado, pero el cariz que está tomando la discusión no aporta ya nada. No habrá más intercambios de comentarios en relación a este tema.

      Saludos.

  18. Pingback: “Ser editor implica publicar lo que quiere el público” – Entrevista a Laura Falcó, escritora y editora | JAVIER PELLICER

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